“TOKYO CAMERA CLUB”. CUENTO. NATSUME KURUMADA, PERÚ.

tokyo camera club

 

 

 

Una foto tomada por Shuji Kobayashi está fechada el 2020/10/31. El día que la veo en el Instagram de Tokyo Camera Club es el seis de octubre de 2020. La foto retrata a una mujer joven asiática recostada en un diván azul turquesa de felpa, con los pies suspendidos, desnudos, cayendo constantemente, pero sin caer. Frente a ella está una mesita de madera donde hay un vaso compacto con algo similar a jugo de pomelo, el vaso está medio vacío. La joven asiática tiene los ojos cerrados. Atrás, en el fondo de la composición de la fotografía se encuentra una puerta corredera japonesa de bambú, en el frontis, seguramente hay una terraza, desde donde dispararon la cámara. El cabello de la joven asiática es negro y largo, le cubre la mitad del rostro, tiene su brazo izquierdo apoyado sobre su vientre, y el derecho al aire, suspendido al igual que sus pies, ambas extremidades suceden en la fotografía como sucede la gravedad sobre los cuerpos. La falda de la chica asiática es magenta y contrasta con el azul del canapé.
Shuji Kobayashi tomó la fotografía hace 17 horas de la hora en que sucede este relato. Hace 17 horas con 8 minutos, Tokyo Camera Club la subió a su cuenta de Instagram. Ahora son las 17:08 p.m. en la ciudad donde sucede el relato, esto quiere decir que a las 00:00 a.m. de la madrugada se tomó la foto. Japón está 12 horas por delante de la ciudad donde sucede el relato. Esto quiere decir que a las 12:00 p.m. en algún lugar de Tokyo, Shuji Kobayashi disparó su cámara. La mujer asiática aparentemente está muerta.
La composición descompone la luz del frontis hasta llegar a claroscuros en la parte donde se halla la puerta de bambú corrediza. Esta descomposición de luz, que sólo logran los fotógrafos profesionales, recrea el ying y el yang. Shuji Kobayashi conoce exactamente la distancia entre su fotografía y la secuencia de acciones relatadas en este texto. Dicha distancia está cifrada por el tiempo. Si Shuji Kobayashi hubiera tomado la foto cinco minutos después o cinco minutos antes, este relato no existiría, y probablemente la mujer asiática no estaría muerta. Pero Shuji Kobayashi sabía, en el momento en que disparó la cámara que, si databa la fotografía 25 días después de que la tomó, alguien, de alguna forma, rescataría del otro lado del continente la memoria de su esposa. Lanzó en un intento desesperado una piedra al océano, esperando que esas ondulaciones que la piedra formó al contacto con el agua, reverberarán en una resonancia hasta el otro lado del mundo, atravesando el centro de la tierra y le devolvieran, de alguna forma, que Shuji Kobayashi todavía no entiende, la vida a la mujer asiática que acababa de tomar veneno.
Han pasado 15 minutos desde que comenzó este relato. Y la posibilidad de que la mujer asiática esté soñando en la foto es exactamente la misma posibilidad de que Shuji Kobayashi no exista. De igual forma acontece la misma posibilidad de que este relato, narrado en tiempo real, esté siendo escrito por el que está leyendo el relato. Ya que la construcción del relato terminará cuando el lector vaya al Instagram de Tokyo Camera Club, vea la foto de Shuji Kobayashi y determine si la mujer asiática está muerta. Si elige ese final, Shuji Kobayashi sí existe. No obstante, hay otra posibilidad. Que vaya al Instagran de Tokyo Camera Club, vea la misma foto y decida, porque así es la vida, a veces, que la mujer asiática no está muerta, sino durmiendo, y que después de tomada la foto se levanta y besa largamente a su marido, el tema es que si usted elige este final, Shuji Kobayashi no existe, no habría forma que existiera, porque entonces no tendría sentido nada de lo relatado en este texto, ya que Shuji Kobayashi lo escribió para rescatar la memoria, por medio de las palabras, de su esposa.
Y siendo las 17:29 p.m. en la ciudad donde sucede el relato y las 05:29 a.m. en Tokyo, el lector terminará de leer, al tiempo que determina si él mismo existe o no al mirar el siguiente link: https://www.instagram.com/p/CF-9OqdHgyh/?hl=es-la

 

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Natsume Kurumada. Nació en Cuzco, Perú en 1980. Escritora y poeta de ascendencia japonesa, ha sido parte fundamental de la nueva corriente de literatura híbrida en el Perú, la cual rescata el sincretismo entre ambas culturas. Dicho movimiento fue llamado “Kokoro Nazca”, al cual pertenecen otros narradores destacados como Azucena Inba, Yoshi Takahashi y la dramaturga Orura Ono. Ha publicado tres libros de cuento: Crónicas azules de Tokaido (2013), Achkur kokoro (2017) y Tokyo Camera Club (2021); así como tres poemarios: Silueta de seda (2005) Haiku Hokusai (2007),  y Arrarray (2009). Actualmente prepara su primera novela: La chica que leía a Murakami.

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