Presentación. Materias en tránsito de Sergio Rodríguez Saavedra por David Bustos Muñoz

sergio rodriguez david bustos

 

 

Materias en tránsito (13 Mirlos, 2023) de Sergio Rodríguez Saavedra, tiene dos dimensiones interesantes de observar: el primero muestra su caja de herramientas, su modo de enfrentar el poema y de organizar un libro. Y el segundo es la propuesta, el concepto que constituye el libro, que como dice su título puede ser tránsito, o el desplazamiento dentro de algunas coordenadas nominales. Puntos de referencia, que anclan el texto dentro de un ámbito de lo real.

 

Provisto de un lenguaje sintético Materias en tránsito, apela a la brevedad del poema con un aparente orden estrófico de sus versos, pero con yuxtaposiciones semánticas, que desestabilizan la ingesta de su lectura. Es decir, la concentración verbal no consolida su fácil acceso.  Su división estrófica carece de puntuación, cuestión interesante pues plantea el espacio estrófico como una apertura rítmica que funciona a veces como suspensión de la continuidad, demostrando una utilización espacial dentro de la página, que agrega a la lectura interferencias hacia la cristalización del lenguaje. Una consumación imposible, como si el sujeto de estos poemas tuviera conciencia de las condiciones precarias de su propia expresión. O sea, la desactivación de cualquier pedagogía, pues la fragmentación y los escasos momentos de articulación problematizan las facultades del poema en su contenido. Pero en ningún caso haciendo aspaviento de dicho desarreglo. Diríamos que el uso de paréntesis, sea cuadrado o redondo, además de la barra oblicua (/) incluida en el verso mismo, apunta a consolidar marcas lingüísticas que entreveran el objeto de su propio signo.

 

Los elementos en tránsito de este libro, se difuminan y amplían, en la sumatoria que añaden al resultado final una serie de momentos cartográficos, que en apariencia nos hablan de una memoria líquida, es decir una evocación nimia, pero latente. Una “modernidad desbordada” diría Appadurai. Aspectos a final de cuentas, de una sociedad excedida por los medios de masas, que desestabiliza la cartografía propia, desterritorializando los espacios de memoria.

 

Sergio Rodríguez Saavedra, propone una poética de la huella que es indicio y agrego también metonimia. Un aparato reflexivo que, como todo buen libro de poesía, estimula zonas sutiles, acaso tenues, donde el autor se despoja de cualquier paternalismo y nos insta como lectores, a que nosotros mismos profundicemos en su campo de relaciones. Una huella que está despojada del peso de la gravitación, pues transita ingrávida e intranquila en las líneas de estos versos, como una demostración de un estado de situación del sujeto trascendido, en sus fronteras espaciales y territoriales.

El primer poema se titula “Departamento”, donde recurre a un lugar, al hogar como un espacio de representación de la vida contemporánea. Un límite, en que el sujeto se ancla en el cotidiano. Un inicio territorial desde lo doméstico como disparador de la subjetividad del proceso del habitar donde el afuera, según pasa los poemas, son aproximaciones a un panorama desbordado por sus puntos de fuga.

La nostalgia como evocación a la perdida de los puntos de referencia, pero también como una yuxtaposición de tiempos entre el pasado y el presente. La nostalgia como índice de la experiencia.

 

Hay un desprestigio de la nostalgia en poesía, yo soy un nostálgico, y uno de mis poetas favoritos, Gonzalo Millán, lo era también, pero el tema es como opera o cómo se comporta la nostalgia en un poemario. Recordemos que Relación Personal de Millán comienza con el epígrafe de Wallace Stevens “La poesía no es personal” O sea, crea una tensión entre lo objetivo y lo subjetivo.

 

A mi entender Rodríguez articula aquello desde lo inacabado. Una subjetividad herida por el desencuentro. El inabordable tropiezo de la memoria, en el que la distinción entre el recuerdo y la memoria reformula una reciprocidad incompatible. Pues esta, conserva y protege sus impresiones irreconciliables.

 

“La piedra volcánica del Llaima

[febrero, 2015]

no hace juego con la mesa del living

tampoco el cenicero con el sillón

ni la vida con los poemas que contiene

un libro de J. Valle leído y no leído.”

 

Aquí los elementos conviven en su incompatibilidad, lo doméstico acaso como una alegoría del espacio de afuera, la desterritorialización que sucumbe ante su movimiento. Bachelard en La poética del espacio plantea la asimetría del adentro y afuera como “problemas iniciales de una antropología de la imaginación”; una dialéctica de dos dimensiones, que sin duda, conviven con una multiplicidad de matices.

Por otra parte, hay una “resta”, que inscribe su propia huella y que se ubica en las postrimerías de su propia ejecución. Una tecla obliterada del piano por decirlo de alguna forma. La supresión del flujo vital. De hecho, el tercer poema termina con los siguientes versos: Hablo de/ cosas vistas sin realidad.  Y en otro poema señala:

“Hay quienes proyectan su recuerdo/ de paloma entre grieta y moho”.

Es interesante la fórmula de pensar en proyectar el recuerdo en algo, en este caso ese algo está deteriorado (la grieta y el moho), o por decirlo de alguna forma está vencido por su materialidad que la designa, pero que a la vez la contiene. El recuerdo al proyectarse sobre una superficie es como si fuera una cinta cinematográfica. Un conjunto de imágenes en movimiento proyectadas sobre un telón. Pero como dice Mac- Luhan “el medio es el mensaje”, y precisamente por eso no podemos pasar por alto donde es proyectado ese recuerdo. Pues esa definición medial, caracteriza también a lo que se proyecta.  O al menos le imprime un carácter de fondo. El recuerdo como algo deteriorado y carente de cualquier vigencia. El recuerdo planteado como una crítica a la sociedad obsesionada con el progreso y el futuro.

Materias en tránsito también transita dentro de fechas, que no son otra cosa que fijar un recuerdo, como si Rodríguez estuviera enviándonos cronologías coloreadas y abiertas para señalar, pero luego insiste en esa imposibilidad de realización. Las dificultades del indicio despojado de cualquier característica redentora. Esa lectura puede tener un rasgo político, cuestión que se aprecia en la fecha 1973 concretamente en el poema “El lienzo que cubre el bastidor siempre será blanco”, probablemente ahí reside uno de los nudos del libro. Asumo mi responsabilidad en instalar esta idea, pues me parece que la nostalgia en el fondo es duelo. En el mismo poema señala:

 

“Algún título sin índice

Algún lugar para llevarles nombres

 

Mencionar las familias que se fueron

y las que no regresaron”

El poeta, crea un mapa sutil de un ánimo de lo nostálgico, en otro poema dice “la poética de los helicópteros”. En este punto es importante no dejar de lado al helicóptero como figura, acaso de medio de transporte hacia la desaparición de personas en los primeros años de la dictadura. Dicho sea de paso, la figura del helicóptero irrumpe una y otra vez en este libro, y en esa reiteración que es tránsito, vuelo, transporte, también es memoria de la violencia política. Por otro lado, está el poema “Casi un día cualquiera”, en la que se recrea en cursivas un rayado en un muro: “quién mató a Anna Cook”. Aludiendo a la joven DJ asesinada que designa por medio de un grafiti. Recordemos que este libro trabaja en la nominación, pero esta de alguna forma está rota. Siguiendo con la analogía de Anna Cook, la pieza que falta sería el autor de ese asesinato. En este caso el poeta no presenta el caso de la DJ asesinada, de manera periodística, la aparición en un rayado callejero es fragmento, que metonímicamente apunta hacia esa zona. Este rayado es también un signo que busca su objeto perdido. Y que nos advierte las preocupaciones de este libro. Una memoria que relampaguea en indicios violentados por una realidad, que ha sufrido su facultad de enunciación. Pero que sin embargo persiste y expone su degradación.

 

La idea de Rodríguez es también la del rodeo, no se trata de la cosa misma, se trata de lo que la rodea. La palabra “bosque” por ejemplo vaciada de su significado.

 

Este libro cuando indica una fecha u horario, fija; siguiendo con la analogía, una huella, y por medio de esta podemos acceder hacia el fugaz intento de la reconstrucción. Una poesía del significante, que añora su propio significado. Esta tensión, este juego en movimiento retrata, según creo, este libro. Hay una transposición del espacio, una transposición del tiempo, hay un descalce, que Rodríguez retrata desde el oficio y la paciencia.

 

Entonces Materias en tránsito del poeta Sergio Rodríguez Saavedra, es un libro sobrio y estimulante a la vez, una combinación inusual, una propuesta poética que consolida la ética del autor. Un libro lleno de puertas, de umbrales de comprensión que se intercomunican desde un espacio o territorio, que está y no está en las costuras de una realidad, pero que el poeta hilvana desde la memoria y la conciencia de la palabra.

 

 

 

POEMAS / SELECCIÓN
MATERIAS EN TRÁNSITO
13 Mirlos Editores. Santiago, 2023.
58 páginas.

 

 

Departamento

Proponemos
a la quietud de un plato el alimento
al límite entre dos sombras, amor
La música hábil y sinuosa
notas jazz, Coltrane tan hábil y
sinuoso, proponemos
al momento otros dejando a la
cerradura su llave, al goteo
sinuoso, hábil, que
nos deje en paz, proponemos

mañana comenzar lo pendiente
en principio sin alcohol, sin fin
la necesidad de aseo, proponemos
que nunca más entre, hábil y
sinuosa, aquella bestia

 

 

Por fechar

No quiere decir
mil novecientos setenta y tres
porque no quiere decir 1973
Solo necesita
un momento para revisar
cotejar, hacer el cálculo
algo concreto en la perspectiva
de los árboles. Sabe

y guarda pensamientos de
ver la historia, datos irrefutables
el río que arrastrándose, desaparece
graznidos, un vaso de agua, la

sed, una mesa, cualquier mesa, este

par de alas

 

 

Decorados

Pones una piedra en la palabra
decoración

Una copia de Warhol comprada
por AliExpress

Al otro lado del muro
hay otro muro

Al otro lado del muro
la copia del muro se parece a una estación
de trenes ligeramente abandonada

La estación de trenes
—recuerda— tenía los vidrios rotos

Los niños rompen el pasado
con un movimiento de manos

La piedra volcánica del Llaima
[febrero, 2015]
no hace juego con la mesa de living
tampoco el cenicero con el sillón
ni la vida con los poemas que contiene
un libro de J. Valle leído y no leído

Lo que sucede [y no sucede] en el tedio
El peso de una piedra

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