PEDRO GUILLERMO JARA Y SU CABALLO DE PROA

 

Entre las revistas literarias que he juntado por años siempre llamó mi atención “CABALLO DE PROA”, por su singular formato y sus interesantes, diversos y atractivos contenidos, sin duda la más pequeña entre las grandes surgidas durante el período de la dictadura. Creada por el escritor y poeta Pedro Guillermo Jara, junto al artista y editor Ricardo Mendoza. Asomó su proa en 1981, en la ciudad de Valdivia. Por sus páginas; la literatura, el teatro, la música, la ecología, la crítica y la creación; se diseminaron junto a toda la lluvia del sur, iluminando en su viaje el apagón cultural que asolaba la República.

El escritor Pedro Guillermo Jara llegó a este mundo en la ciudad de Chillán, el año 1951. Sin embargo, su infancia transcurre en el lejano Chile Chico. Estudió en la Universidad Austral de Valdivia, para definitivamente el año 1978 radicarse en esta bella ciudad. Formó parte del Taller cultural “Matra” que en mapudungun significa “médula de hueso”, vinculándose a través de este referente con la comunidad literaria valdiviana, entre ella, su pareja de siempre, la destacada poeta Maha Vial.

Su primer libro es editado el año 1979, impreso a mimeógrafo: “HISTORIAS DE LA URUGUAYA QUE LLEGÓ UN DÍA”. Fue el inicio de una prolífica y original obra marcada por la diversidad de formatos y soportes en su creación escritural, lo que le otorga el reconocimiento de sus pares y del Consejo Nacional del Libro y al Lectura una vez recuperada la democracia. Como ejemplo de su ductilidad de formato, señalaremos la edición de seis libros objetos, hoy muy difícil de encontrarlos: EL ROLLO DE CHILE (2004), CUENTOS TAMAÑO POSTAL (2005), EL KORTO CIRKUITO (2008), KASAKA (2011), POSTALES (2015), DIEZ TELEGRAMAS (2017).

Otro importante libro es EL SENDERO DE LA MARIPOSA, antología personal editada por Ediciones Kultrún el año 2018. En él, los cuentos, microcuentos y crónicas revelan su versatilidad y dominio del oficio escritural. Al respecto Gonzalo Schwenke señaló, en el semanario The Clinic: “El sendero de la mariposa registra de la propuesta literaria llevada a cabo por el autor. La extensa trayectoria sobre la reflexión en el acto de escritura, la forma de contemplar el paisaje, la reinvención del soporte, la técnica de manera cuidadosa y la estrategia narrativa basada en el ingenio, otorgan alta importancia dentro de la calidad literatura chilena”.

El escritor Pedro Guillermo Jara  lamentablemente falleció un 2 de diciembre del 2019, bajo la eterna lluvia de  Valdivia, pero su obra notable permanece para deleite nuestro, los mortales lectores.

 

Textos escogidos:

 

BOLETO PARA VIAJAR

Podíamos habernos equivocado de signo

De época, de humanidad

De amor (el primero).

Podíamos haber pensado

En nuestros sueños

Que venían en puntillas

A equivocarnos de sentido…

Pero nunca nos equivocamos de tribu

De clan, de tótem,

De marihuana fumada en silencio

De la guitarra Yamaha mal afinada

O de un amigo que se nos escapa

En cámara rápida

(se nos fue con la década),

Como en una vieja película de Chaplin.

 

 

LA SELVA

El primer hombre, semi desnudo, avanza a través de la selva. Se detiene, olfatea las estrellas. Continúa de rama en rama, de liana en liana, con un cuchillo colgado desde su costado.

La luna ilumina su sombra que se balancea; el sol hace transpirar su cuerpo sedoso.

Al término del viaje llega al límite de la selva. Desciende desde el árbol. Avanza a pie, se para frente a la figura de arcilla, imagen perfecta a semejanza suya, extrae el cuchillo y comienza a destruirla con los dientes apretados, mientras declina la tarde

 

 

LAS ALPARGATAS

Lo que más odiaba de las alpargartas eran los bigotes que se asomaban después de una semana de uso. Primero aparecía la puntita del cáñamo y como por un acto de magia asomaban los bigotes. Los dedos comenzaban a apoyarse sobre la tierra al caminar. Y a mí me daba vergüenza. Me sentía infeliz porque a veces no había dinero para comprarlas y me quedaba llorando, sentado en la escalinata de la casa, observando mi precario calzado y los detestables bigotes. En alguna oportunidad se abría la puerta, se asomaba una mano que me alargaba dinero, lo tomaba y corría hacia el boliche en donde vendían alpargatas. Me las colocaba a la carrera y llegaba atrasado a la escuela, sin aliento. Por llegar atrasado tenía que estirar mis manos, con las palmas hacia arriba y el profesor me golpeaba con una regla. Mientras la regla iba cayendo, para evitar el dolor, pensaba en la pichanga que jugaría en el recreo con mis alpargatas nuevas.

 

 

LA COPA

Tan transparente, casi aire, a través de ella todo se refleja. Luego bebo y el mundo es mío.

 

 

EL GOLPE

1.- Por aquel tiempo aconteció que mis hijos fueron encerrados en las caballerizas de las fuerzas policiales de Chile Chico y vinieron ángeles exterminadores de otro reino, en camiones Unimog, con fusiles automáticos y corvos, y los rostros ennegrecidos para ocultar su pobre alma, maltratar y torturar a mis hijos por sus ideas; y porque el odio se había instalado en los corazones del nuevo régimen que había golpeado al Estado sin piedad.

2.- y mis hijos fueron escupidos y vilipendiados

3.-  y el verbo perdió su valor cayendo en el vacío como un ave que no puede emprender el vuelo;

4.- y las heridas de mis hijos eran lavadas en secreto en las aguas del Lago General Carrera;

5.- y las heridas nunca cicatrizaron porque el viento y el agua nunca pudieron cicatrizarlas;

6.- y lo único que hizo el viento de la Patagonia fue llevar estas heridas como hojas hasta depositarlas en la memoria de todos los habitantes de estos parajes sin frontera.

 

 

EL HOMBRE DE LOS PIES QUEMADOS

Por extrañas circunstancias al hombre se le habían quemado los pies. Era dos tizones como leños oscuros. Al caminar por las calles sus pasos se escuchaban así:

 

_¡Tic-toc!… ¡Tic-toc!

 

Los niños, curiosos, seguían al hombre de los pies quemados, no por compasión, ni burla, ni nada de eso. Lo seguían porque al caminar desde los pies se desprendían pequeños trozos de carbón que los niños se disputaban a gritos. Con estos trozos los niños dibujaban nubes, corderos, soles, lunas y lluvia, en las paredes de la población.

En algunas oportunidades los adultos también seguían al hombre de los pies quemados, recogían los trozos de carbón y escribían consignas en las paredes, llamando a la libertad, a la igualdad y a la fraternidad, ideas que se habían perdido en el tiempo.

 

 

DE TRÁMITE BREVE

Vengo a tomar un café muy a la rápida, a fumar un cigarrillo muy a la rápida, darte un beso muy a la rápida, hacerte el amor muy a la rápida y marcharme muy a la rápida.

 

LA PENA QUE DEAMBULA

Doña Ana María Pérez había quedado viuda hacía un par de años. La caracterizaba su moño y una falda larga para no tentar al demonio, porque ella era fiel a la memoria del pobre Olegario. Su esposo había sido linotipista pero ella había logrado sortear la pena que convivió en su hogar por un par de meses como una invitada de piedra. La pena, de riguroso negro, se sentaba en su mesa, se le metía en la cama, se le aparecía en el baño o la acompañaba a las compras. Hasta que un día la pena desapareció (así como había llegado) para sosiego de la viuda.

 

EL ÁRBOL DE LOS SUICIDAS

Sin saber cómo, todos llegamos al mismo árbol. Nos saludamos y preparamos nuestros lazos. Cada uno eligió una rama, lanzamos las cuerdas, ajustamos el nudo corredizo al cuello y nos lanzamos al unísono al vacío. Allí quedamos colgados como frutos de la desesperanza.

 

 

LA AMENAZA

Enciendo el computador, un cigarrillo, acomodo mi café e inicio la rutina de revisar lo que he escrito la noche anterior. Luz, me digo, necesito luz y descorro la cortina de la ventana que da al patio.

Busco un archivo y de pronto siento una presencia tras la ventana. Levanto la vista y lo veo: su mano derecha sostiene una lanza que se pierde en lo alto; en su testa, un casco con una visera movible que protege sus ojos, Aquiles curando a Patroclo la mandíbula, la nuca y que remata en un penacho con una cola que onde al viento; un peto de cuero dibuja sus músculos del tórax; un manto de piel de cabra cae desde sus hombros; un escudo en el brazo izquierdo; una espada al cinto; un arco y un carcaj terciados a su espalda.

El centinela barre con su mirada el infinito, más allá de los muros. Desde la explanada Aquiles, desnudo, como loco, le hace gestos exhibiendo sus testículos. No le hace caso, el soldado está acostumbrado a estas obscenidades después que Aquiles perdió a Patroclo en la última batalla.

Una barba de días cubre el rostro ceñudo del centinela. Adivino que observa a los Aqueos que acampan en en este largo asedio que se prolonga por diez años.

¡Mierda!, murmuro, aprieto la tecla “Suprimir” y el Troyano desaparece.

 

 

CABALLITOS DE MIGA

Para Leonardo Gálvez

 

Desde niño el hombre había inventado figuritas con migas de pan. Desde sus manos de pájaro y saliva nacían rositas, muñecas bávaras, muñecas tirolesas, geishas, carruajes, mariposas, hasta que cierta tarde el instinto le ordenó la fabricación de caballitos.

Y nacieron caballos alados, con penachos, monturas, caballos marinos, vestidos de ritmo.

Ya adulto fabricaba caballos llenos de encanto y peligrosidad.

En plena noche fabricó el último caballo de su vida: “era del tamaño de un monte, con tablas de abeto en los

costados muy bien ajustadas”(*).

A la noche subsiguiente los hombres descendieron desde el vientre del animal –eran hombres escogidos–

y abrieron de par en par las puertas de Troya.

 

(*) Virgilio, “La Eneida”, Cap. III

 

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