“MI AMOR ESTUVO EN TÍ TODAS LAS VECES QUE MIRASTE LO TRIVIAL” LECTURA DE “DECIR OTRO LUGAR” DE EVA CASTAÑEDA, MÉXICO. POR OCTAVIO GALLARDO.

 

Elefanta Editorial. Ciudad de México 2019. 97 páginas

 

Lo cotidiano es una mirada que puede ofender, es más próximo a una ceniza que a un estallido, por de pronto un mar que vence en paz, sin grandes olas. Leo por tercera o cuarta vez este libro y encuentro un compilado de insectos caminando en fila tras el alimento, como hormigas que abandonan el lugar luego de haberlo saqueado con mínimos trozos casi incalculables, y tanto me demoro en ver pasar esas hormigas desde la cocina al jardín, tanto como demoro en leer cada verso. Sucede que he sido parte de estas narraciones muchas veces, porque parece que crucé tantas veces un país en llamas para encontrarte. Pero al final nada en este libro me pertenece. Hablo de ti, y en eso estos escritos me alimentan. “Mi amor estuvo en tí todas las veces que miraste lo trivial”. Dice. Estoy tratando de trazar mi propia historia de amor bajo esta balacera y el chirrido de las bombas, pero el amor es político, y por eso violento, y por eso mismo quizás este país no esté en llamas, sino enfermo porque no hemos podido vernos durante todas estas páginas. ¿Quién escribió esto? No hay nadie detrás de estas líneas/versos/estructura. Nadie dirige la batalla ni la búsqueda. Entonces me refiero a mi propio y desprolijo amor, yo también busqué a nadie entre los restos, cuando era imposible. Te busco a ti desaparecido amor entre estas páginas sin geo referencia alguna. Entonces salgo y miro por la ventana de mi casa una tarde cualquiera en uno de los valles de Chile, mi casa está en alto, por eso veo las techumbres e imagino que todo ha fracasado pese a la luz del ocaso. Aquí encuentro mi propio amor fracasado pienso.  Pero “Tú la más fuerte atravesando este país de balas. Ahora todo el universo eres tú y yo menos tú y yo”. Dice. Parece que los personajes me observaran, desde otro lugar, desde la insomnia, y vieran cómo trapeo el piso para limpiar las horas. Propongo leer “Decir otro lugar” como si estuvieras viendo tu propio rostro refejado en las baldosas de la tarde, luego de haber ido a comprar para la cena, y luego sobre todo, de haber despistado a quien te busca para volver a dormir contigo, pero tu has perdido la dirección y los testigos, entonces no habrá oportunidad de abrazarte de nuevo, porque en tus ojos todo estará en llamas, y se habrán caído los puentes, y dinamitado los cruces del camino. “Decir otro lugar” es un amor real vandalizado. “Me decían la alzada, la noentiendenada, la muy, muy”. Dice. ¿Eres hombre o mujer, cómo te llamas, y porqué te amo tanto ahora? Propongo leer “decir otro lugar” cómo si estuvieras equivocada/do. Y sí, claro, la crueldad es infinita, pero qué le vamos a hacer, así está escrito. ¿Entonces que haremos para no morir sin encontrarnos? “Después le prendí fuego a la casa, digo, a la memoria, y es falso que todo se extinga porque siempre algo queda ardiendo. Por ejemplo, los cuarteles donde creció la violencia. Es que opusimos resistencia y hasta creímos que por amor el curso de la vida cambia”. Dice/reza/narra este libro. Todo ha sido narrado en este libro, todo, incluso la desaparición de la fe, la desobediente le han llamado al autor/a, porque “Era un país entero/ no una orilla/ Además resistimos/ dijiste”. Así mismo “Además resistimos/ dijiste”. Vuelvo a mirar por la ventana, la luz del sol se ha apagado pero siento que nada ha sido abandonado excepto la violencia. Voy a leer en ti este libro y diré luego que todo está en otra parte, y que nadie ha descrito en un poema narrado lo que nos ha sucedido este día, porque todo ha sido trivial, coherente, humano. Pretendo leerte uno de estos poemas cuando vuelvas aunque nunca llegue ese momento, pero me quedaré esperando a que eso suceda mientras miro a las hormigas partir o volver, nunca sé. Te propongo leer “Decir otro lugar” juntos, pero antes te digo con completa satisfacción, pese a la noche que nos ha caído, que “El fin del mundo, te lo juro, no será una explosión. / Será algo más parecido a la marcha de miles de insectos juntos”.

 

 

Selección de poemas.

 

Decir otro lugar

Un día la ciudad ya no es la misma o sí, aunque registrar la ausen- cia es trabajo de quien pierde porque lo demás sigue igual. Los árboles no se enteran, el ruido no cesa, las mentiras y los alegatos, el pan caliente, la comida a la misma hora, el alza de todo y la pobreza. La vida es la suma de lo que hacemos, hasta ahí llega. Hasta aquí.

*

Esto es la enumeración finita de nuestras cosas: tu reloj, una taza, tus manías, los cacharros. Tu miedo a las arañas, el hueco que hiciste. Lo que dejaste.

Yo que ignoraba que no volver a verte era probable.

*

Decían que el mundo se caía a pedazos, que se terminaba porque allá estallaron, allá sus huesos crujieron y allá gemían bajito para que nadie les oyera.

Te pregunté dónde es allá.

Dónde ese lugar y si de veras nadie escuchaba ese suplicio.

*

Cuando te marchabas, cerraba los ojos y repetía: regresa, que tu camino esté libre de lo más terrible. Regresa. Era como suplicar frente a una pared en blanco, igual que una pantalla cuando pierde la señal y sólo el ruido, luego el silencio. Acuérdate que no estábamos en guerra, pero afuera todo nos dañaba.

*

Tu casa no es este país, dijiste, ¿entonces dónde estamos? porque tengo una llave y cuando abro la puerta estoy frente a lo mío, no tengo miedo.

Ven, mira bien, –allá afuera es un país–.

Nación mentira. Nación espanto.

Lo que pisas, lo que miras, al que miras.

Aunque tu casa es algo más, dijiste.

Recuerda, acude todo el tiempo a la memoria, revuelve. Busca en ella. El tiempo se llena de cualquier cosa: una pizca de sal, una canción, tronarse los dedos. También la caída de los cuerpos, su desplome y esta indolencia frente al agravio.

*

Te esperaría toda la vida si tuviera la paciencia para hacerlo, pero no hay tiempo. Basta que mires para darte cuenta de la revuelta. Aunque no es sólo eso, te he llamado muchas veces. Quiero que vengas conmigo, ya no voy a aguardarte porque –escucha– otro puente está cayendo y en poco tiempo no habrá forma de llegar a alguna parte.

*

Tú y yo nos encontramos para algo. Piénsalo, el mundo es muy grande; luego este país lleno de fisuras donde cualquiera puede perderse entre sus grietas. Invisibles muchos o casi todos, pero tú y yo nos cruzamos en medio de la algarabía y la prisa. A nuestro alrededor las construcciones a punto del desplome y en pie llevan tantos años.

*

Me empeñé en acomodar las cosas del mundo, esas que por más que les damos vueltas no se entienden. Por ejemplo, el día en que se desató la palabra violencia en un país entero. Es que yo creía que algo podía cambiar para que estuviéramos en un lugar dife- rente a estos sitios torcidos. Estos en los que todos los días algo se mata o deshace.

*

Me decían la alzada, la noentiendenada, la muy, muy. Nunca fue cuestión de irreverencia, se trataba de lo que es nuestro, lo que nos pertenece. Pero ustedes no entendieron nada, todo lo mira- ban como agravio, todo era una afrenta. Y a mí lo dócil se me cayó de las manos, lo pisé dándome cuenta, lo rompí.

*

Pon aquí tus pisadas. Hemos tenido prisa en este periplo; ya es momento de viajar despacio. Haz una pausa, yo también. Ocupa tu cuerpo mientras yo elijo las palabras que ordenen este cuento; tal vez todo sea lo mismo y una sola cosa. Yo el que tomó tu mano mientras las ráfagas vencían. Tú la más fuerte atravesando este país de balas.

Ahora todo el universo eres tú y yo menos tú y yo.

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Eva Castañeda (Ciudad de México, 1981) escribe poesía y crítica literaria. Es autora de los libros de poesía Nada se pierde (Vesrsodestierro, 2012), Todos los semáforos en rojo, (Altazor, 2014), La imaginación herida (Trajín, 2018) y Decir otro lugar (Elefanta Editorial, 2020). Ha sido incluida en diversas antologías poéticas nacionales e internacionales, una muestra de su trabajo creativo aparece en diversas revistas nacionales e internacionales de poesía. Algunos de sus poemas han sido traducidos al alemán, chino e inglés.

Es Doctora en Letras por la UNAM. En donde también realizó una Estancia Posdoctoral. Forma parte del Sistema Nacional de Investigadores. Actualmente es profesora de tiempo completo en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Ha escrito múltiples ensayos y artículos sobre crítica literaria, éstos han aparecido en revistas académicas y libros colectivos nacionales e internacionales.

 

 

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