GIOVANNI ASTENGO. ENTREVISTA A LA POETA CHILENA ALEJANDRA DEL RÍO: “YO FUI MI PROPIA CALLE RECUPERADA DE LA MEMORIA DE LA DICTADURA”

 

Más que una entrevista, esta conversación con Alejandra, se convierte en un verdadero ejercicio poético y viaje profundo por sus libros y por las claves de la literatura como sanación.

 

“Escrito en braile”, es un libro ya emblemático de la generación de los noventa, que recientemente fue reeditado por la editorial de la Universidad de Valparaíso. “Clara la risa del que en silencio persigue una sombra /desnuda pintada en la caverna”, escribes en uno de estos textos, que siento que conversan con esta idea de J. A. Rimbaud, en su “Alquimia del verbo” de romper las cadenas lingüísticas y volver al primer asombro, a lo anterior al lenguaje y a la muerte como única forma de lengua eficaz, eras muy joven cuando vislumbraste estos poemas, estas imágenes y atmósferas ¿Cuál es la clave más profunda para leer este poemario?

En este libro yo eludo el sentido, no lo anulo, lo escondo en un tramado de juegos verbales basados en repeticiones e imágenes, muchas veces robadas de mis lecturas de ese entonces (lecturas propias de estudiante de literatura) para formar “un suelo hecho de parches”. Una especie de collage, mi intención era generar texturas verbales que fueran soltando con cuidado el meollo de tanta oscuridad.

Cómo encontrar una forma de expresar el dolor de mi generación, niños y niñas de la dictadura, cómo hacerlo sin echar mano de la retórica manoseada de “la alegría ya viene” o la melancolía destructiva del culto a la sangre de los caídos.

No se hablaba en los 90 de la derrota tras el pacto para la democracia, la derrota de los héroes anónimos que lucharon desde niños contra la dictadura, el menosprecio a esa lucha –hicieron borrón y cuenta nueva- siempre me dolió, esa es una clave de Escrito en Braille, hay una incomodidad vaga que no tiene lugar y se asoma tímida, pues se supone que debíamos estar contentos con haber recuperado la democracia.

Pero la voz no la habíamos recuperado todavía, la voz todavía no era una expresión de las palabras, sino un llanto ahogado, reprimido. El país que estábamos levantando estaba en ese lugar del llanto que nadie parecía ver, ese dolor que estaba en la zona muda y ciega y que yo intuía pero en ningún caso estaba en condiciones de expresar en lenguaje llano y racional.

 

Tienes bastantes libros importantes, pero me quiero detener en “Dramatis Personae”, libro que disocia a la autora o la “anula” , en pro de una multiplicidad de voces, personajes y polifonía en diversos registros, desde la mitología griega, como Pasifae, Penélope, Sísifo entre otros, como también personajes muy chilenos como La Quintrala o Doña Isabel Riquelme. Siento que es un libro con una fuerte tensión dramática, “Teatral” si no estoy equivocado ¿Cuáles son los rasgos de personalidad que encontraste en los y las diferentes hablantes de este libro?

Me pasó algo curioso, leía de mitos griegos en el libro de Graves, que es seco para contar pero a la vez lleno de detalles, y me empezaba a imaginar lo que pudieron sentir esos personajes y un mundo se me abría, como si hubiera estado yo ahí mismo conversando con Penélope confesándome que en realidad le cuesta ser fiel y preferiría hacer caso a los pretendientes. Y empecé a hacer anotaciones de lo que los personajes me transmitían, probaba a dialogar con los personajes. Eran escenas, monólogos dramáticos.

Y a veces también escondí cosas mías en los personajes. Pensaba que esa materia tan antigua bien podría resistir un detalle nuevo. Que nadie se daría cuenta que aquel rasgo en realidad era mío, esa herida me pertenecía.

No creo que la autora se anule, solo se enmascara, se pone a un lado para que emerja la voz del personaje. Yo no sabía, cuando comencé con ese experimento, que estaba canalizando energías arquetípicas, solo me movía el espíritu lúdico de hacer algo con esas conversaciones. Hoy comprendo que ese espíritu es la llave que abre “el pensamiento cautivo”.

Ya no creo tanto en la solidez del yo para sostener la poesía, no porque se desvanezca o se haga fragmentos, sino porque he hecho la comprensión que el Yo es apenas uno de los cuerpos que habitamos, y que la poesía permite habitar esos cuerpos de una manera integrada.

Cuando lograba dar con la voz de una de esas máscaras, todos esos tiempos pasados, arcaicos, se integraban con los actuales y los futuros, lo arquetípico con lo biográfico, lo masculino se fundía en lo femenino y viceversa, lo personal se hacía político. Lo transpersonal, íntimo.

 

Charles Perrault, escuchando las historias de los aldeanos, fue quien recopila la historia de “Caperucita roja”, y al parecer Alejandra del Río, hace el mismo ejercicio de escuchar la voz de la calle o al revés, las voces de la calle llegan a sus oídos, para configurar “Capuchita negra” , en estos poemas vemos el intento de una inversión del cuento original y una forma de develar los demonios internos: “ Del otro lado el lobo/ con su infinita entrega/ convenciéndose de su valor” ¿Cuáles son los móviles internos y sociales que convergen en este libro?, ¿Y cuáles los arquetipos presentes?

Yo no escuché la voz de la calle, yo fui mi propia calle recuperada de la memoria de la dictadura. Eso es Capuchita Negra, toda coincidencia con la actualidad es mera casualidad o, mejor dicho, causalidad. Mi intención era armar un mundo poético que diera cuenta de la complejidad de una infancia en dictadura en un medio de luchadores comunistas. En eso me ayudó el cuento de Caperucita roja en sus múltiples versiones, incluida la de Gabriela Mistral que se enfoca en el abuso infantil.

Mi libro antes del estallido era un libro de la derrota, después se volvió uno de la esperanza, es impresionante como pasó eso. Pero trágico: la historia se repite, no igual porque hay muchas cosas distintas, pero el abuso a les niñes sigue, y eso me apena.

Trato de decirles a las capuchitas de ahora que sean muy conscientes de su auto cuidado y empiecen cuanto antes a hacerse amigas de un cuaderno, que es el arma de Capuchita (In memoriam Paulina Aguirre Tobar) para mantenerse sanas y ágiles de mente, focalizadas. Creo que la militancia es pesada para el alma y se hace necesario contar con una tecnología del YO eficaz que permita su expresión, qué mejor que la escritura.

 

Víctor E. Frankl, crea un modelo terapéutico, llamado “Logoterapia” , en las peores condiciones posibles, en un campo de concentración judío y demuestra que las personas ante esta forma de sanación , resistían mejor el horror, la supervivencia, lo extremo; incluso viviendo más años . Tú, hace bastante tiempo, también estás trabajando desde un modelo terapéutico desde lo poético a través de talleres ¿Cómo opera esta forma de sanar a través de la poesía?

La logoterapia y el descubrimiento del inconsciente espiritual por parte de Frankl significó una valoración del arte, especialmente de la poesía, en la saludable búsqueda de sentido del ser humano, que sería la que lo mantiene en su impulso de vida.

También Cyrulnik, el psiquiatra que desarrolló el concepto de resiliencia en psicología y que califica a la escritura como recurso de resiliencia, nos aporta argumentos contundentes para sostener que la poesía y la escritura terapéutica pueden usarse como técnicas terapéuticas, especialmente eficaces en contextos de medicina integrativa (modelos de salud que integra medicina alopática con medicina alternativa)

Pero es un error pensar que toda práctica de escritura es sanadora, hay algunas que son derechamente enfermadoras, por no decir enfermizas. Como con todo veneno, la dosis hace el remedio, y los protocolos facilitan o bloquean la sanación.

En mis grupos de escritura lo primero que tengo que lograr es que la gente se sane de la herida de la literrotura y la mala educación. En Chile escribir es abrir una herida, siempre lo ha sido. Pero escribiendo se puede sanar. Es increíble comprobar una y otra vez cómo la poesía promueve estados de salud, especialmente cuando se la combina con meditación y canto.

Las posibilidades de la biblioterapia también son inmensas, pero es necesario conocer a profundidad las emociones humanas, los libros que las encarnan y cómo poder aplicar esas lecturas a los casos individuales, bajo principios curativos claros.

La poesía siempre ha estado vinculada con la medicina. Hoy parece que brilla por su ausencia en hospitales y diagnósticos, las palabras que enferman se equilibran con las que sanan. En mis clases estimulo a las personas a iniciar una relación consigo mismas a través de la escritura, el objetivo en mis talleres no es la obra, sino la vida.

Cuando la poesía toca la vida de una persona: algo ocurre. Y eso que ocurre es lo que a mí me ha interesado investigar porque guarda beneficios para las personas, más allá de lo estrictamente literario.

 

Alejandra, cómo has visto el proceso de Estallido social, post- estallido y la nueva orquesta de constituyentes.

Me da mucha lata que no hayan quedados poetas en la constituyente, y pocos artistas, eso falló. Ojalá los abogados se dejen asesorar por poetas para que la poesía no falte en la nueva constitución. Hay que sustituir la poética de Jaime Guzmán y eso se hará con palabras, que tienen que ser contundentes, inequívocas y que contengan el espíritu del 18 de octubre: la rotunda justicia de la dignidad.

 

Por último, cómo has vivido la pandemia, que música, que libros te acompañan en este proceso.

La pandemia me obliga a estar alerta, no puedo dejarme caer, debo estar atenta a mis pasos para no caer en una de las trampas de miedo que tanto abundan.

Después del incendio de mi consulta, un mes antes del estallido, no había podido encontrar el equilibrio interno como para acompañar a personas en sus procesos, ahora si lo he encontrado y eso me alegra. Muchas cosas superfluas que antes me importaban, dejaron de importarme, me siento libre en mi interior. Estamos pasando un momento de crisis como humanidad, nadie lo puede negar, sin embargo, en el corazón de la crisis está la oportunidad. Creo que hay razones para estar optimista.

 

 

Selección de poemas.

DICTADURA INTERNA

Él plantó una semilla en mí

tan profundo que a veces siento

me poseyera un espíritu vegetal

que aguarda tranquilo bajo tierra

Es maleza que nunca muere

aunque se ahogue y no lo vean

el espíritu volverá

¿Sabías que la guerra es contra el miedo?

El miedo es a la aldea

lo que el invierno a la semilla.

(De: Capuchita negra )

 

¡HAY UNA NIÑA EN UN POZO!

Una línea corta el horizonte en dos.
No es necesario que alguien diga uno y otro lado
ya la niña se ha puesto a lamer la huella
y a confundir con sus saltos y sus vítores y su ahínco
las distintas lunas del espejo.

Una línea divide el horizonte en dos.
La niña sigue el paso del conejo y bebe del pozo
como quien bebe de su propia caída.

Una línea fija el horizonte en dos.
Dentro de la línea una niña cae y cae preguntándose a viva voz
la duración de su caída.
No causará extrañeza el llanto de la niña cuando tope fondo
-pero no topa fondo-
y no será raro tampoco que el horizonte recupere su unidad
si la niña lograra mirarse en lo hondo de su llanto.

Pero la caída trae como consecuencia
anverso y reverso de un único horizonte.

(De: Escrito en Braille. Santiago, 1999)

 

 

***
Alejandra del Río Lohan (Santiago, 1972) es poeta de la generación del noventa. Es licenciada en Lengua y Literatura por la Universidad de Chile y Master of Arts por la Escuela de Trabajo Social Alice Salomon Hochschule de Berlín, Alemania.
Es autora de los libros de poesía “Yo Cactus” (1994), “Escrito en Braille” (1999), “Material Mente Diario” (2009), “Dios es el Yotro” (2010) y “Llaves del Pensamiento cautivo” (2015). Sus poemas han sido incluidos en numerosas selecciones de poesía, nacionales e internacionales. También es autora de los libros infantiles “Un forastero en el panal” (2004) y “El club de la tinaja” (2004).

 

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