ENSAYO: LA HISTORIA DE LA PROVINCIA / SANTIAGO BARCAZA S.

Santiago barcaza

 

“Felices Escrituras: poetas chilenos pensando una provincia” (Segunda Edición) se llama el más reciente libro de Ediciones Casa de Barro. En él, sus compiladores y editores, Claudio Guerrero y Cristian Cruz, recogen una veintena de breves ensayos de autores chilenos contemporáneos —Rosabetty Muñoz, Antonia Torres, Jaime Pinos, Verónica Zondek, Sergio Mansilla, entre otros— que reflexionan no solo sobre la provincia sino fundamentalmente sobre el arte de escribir en un territorio que abandona el centro como un “universo en expansión”. A continuación, les compartimos una muestra del libro: el ensayo del poeta Santiago Barcaza S.

 

Estoy leyendo la historia de la provincia, como si fuera parte de ella, como si yo la hubiese escrito. Esto acontece una y otra vez. En uno de los capítulos me recuesto y dejo el libro al lado, junto al vaso de agua, porque eso es exactamente lo que el libro dice. Me recuesto y comienzo a escribir acerca de la provincia. Escribo que deseo escribir más allá del libro de la provincia, más allá de mi vida, hacia otra vida. Dejo el lápiz. El libro de la provincia dice: dejó el lápiz y se volteó y se imaginó a sí mismo leyendo la parte que trata de él mismo que lo describe en el principio, en la provincia. 

Un día hay casa es el título del capítulo central. Un capítulo que se inicia con un ejemplo. Por ejemplo, un niño de excelente salud, ni siquiera preadolescente, sin ninguna enfermedad previa. Todo es como era, como será siempre. Pasa un día y otro, ocupándose solo de sus asuntos, de sus juegos y dibujos y soñando con la vida en la casa de provincia que le queda por delante. Y entonces, de repente, aparece la muerte o más precisamente, esa presencia cotidiana cercana a la muerte, la mudanza. El niño deja escapar un pequeño suspiro, se desploma en un sillón y todo el mundo conocido se derrumba. Sucede de una forma tan repentina que no hay lugar para la reflexión; la mente no tiene tiempo de encontrar una palabra de consuelo. Línea tras línea el libro no revela palabras de consuelo. No queda otra cosa, la irreductible certeza de la vida nómada. Se puede aceptar con resignación esa mudanza que sobreviene después de una larga temporada de vacas flacas e incluso podemos achacarla al destino; pero cuando un niño se muda sin causa aparente, cuando la mudanza viene simplemente porque viene, nos acerca tanto a la frontera invisible entre la vida y la muerte que no sabemos de qué lado nos encontramos. La vida se convierte en un vaivén de lugares, y es como si mudar fuese el verbo dueño de la vida durante toda su existencia. 

Estoy leyendo la historia de la provincia, como si fuera parte de ella, como si yo la hubiese escrito. Al releer, páginas atrás, mirar hacia atrás, incluso ahora que sólo han pasado tres semanas de mi última mudanza, me parece una reacción muy extraña. El libro de la provincia dice: siempre imaginó la mudanza como un nuevo paso decidido a la descomposición, que el dolor lo inmovilizaría por completo. Pero cuando por fin ocurre no derramó ni una lágrima ni siente en verdad que el mundo se desplome. En cierto modo, y a pesar de su carácter repentino, parece asombrosamente preparado para aceptar este cambio. Lo que le preocupa es otra cosa, algo que no tiene que ver con la mudanza ni con su reacción ante ella: la certeza de que su lugar, la provincia, se había marchado sin dejar ningún rastro.

Pasan los años, y una mañana al despertar creí que nada le restaba a la vida en la provincia excepto la historia de nuestras vidas en la provincia. El desierto o aquella pequeña ciudad junto al mar, los ruidos desaforados de las ferias libres o el silencio de las bibliotecas municipales vuelven a aparecer para señalar el lugar del libro de mi historia donde estaba descrito. Una parte de mi se acuesta a dormir y la otra lee esos misteriosos fragmentos que acostumbro a adivinar, aun embriagado por la provincia, en el mismo momento en que van siendo escritas, y por las cuales pierdo interés después que se vuelven parte de la historia. Entonces entiendo la provincia como si fuese el frío vestido de la luna colgado en el respaldo de la silla de la que solo nos paramos un instante y luego nos sentamos a, por ejemplo, desayunar, o revisar las primeras páginas del libro ilustrado a color de la provincia. El libro dice: se sentó en la silla de siempre, desayunó lo de siempre y abrió el libro y como siempre soñó con la infancia, la que creía desvanecida, cuando de pronto se levantó y se percató que volvía a ocurrir nuevamente. Y volvió hacer las maletas sin saber mucho lo que hacía. 

Estoy leyendo la historia de la provincia, como si fuera parte de ella, como si yo la hubiese escrito. Cada nueva página es una vela moviéndose a través de la mente. 

 

 

 

SANTIAGO BARCAZA S., Valparaíso, 1974. Escritor, músico e ingeniero de materiales. Beca Fundación Neruda (1996), Tinker Foundation (2018). En 2003, musicalizó a una decena de poetas griegos; escribe crónicas para medios de Nueva York, México y Chile; estudia las propiedades de los materiales de cambio de fase (PCM), muy abundantes en el desierto de Atacama; ha publicado 2 libros de poesía; y en 2022, con sus amigos de Casagrande, envió un poema al lugar más oscuro del universo, Coalsack Nebula.

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