CONSULTA CIUDADANA, CHÉJOV Y LA MUERTE DE UN FUNCIONARIO

 

Existe un cuento de Antón Chéjov, escrito en 1883, llamado La muerte de un funcionario. Su personaje principal es un alguacil, Iván Dmítrich Cherviakov, quien se encontraba en el Teatro, disfrutando de la famosa ópera Las campanas de Corneville. Estaba sentado en la segunda fila de butacas y su felicidad era total, pero “de repente” algo sucede. Chéjov destaca ese “de repente” que siempre acontece en los cuentos con una exquisita frase: “la vida está llena de imprevistos”. Por supuesto, aquello que sucede es lo que desencadena la trama, se trata de una ligereza: Iván Dmítrich Cherviakov estornuda, no pasa nada, piensa, es algo natural. Sin embargo, observa de pronto que alguien sentado en la primera fila se seca con un guante el cuello y la calva. Cherviakov lo reconoce, se trata de un General de Estado, del Ministerio de Caminos, rápidamente se inclina y le manifiesta al oído sus excusas, a lo que el general responde, diciendo que no pasa nada. De ahí en adelante, el cuento cae en un simple absurdo. Cherviakov volverá a pedir disculpas de mil formas y en diferentes ocasiones: en el entreacto de la ópera, al otro día en la casa del General, donde el funcionario llega exclusivamente para insistir que lo dispense, etc. Cómo era de suponer, cada vez que Cherviakov le presenta las excusas, el fastidio del General va creciendo. Hasta que al segundo día, que el funcionario se presentó en su casa, el General estalló de ira y le contestó: “¡Fuera! ¡Te digo que te vayas!”. El desenlace es inesperado: “Cherviakov sintió como si en el vientre algo se le estremeciera. Sin ver ni entender, retrocedió hasta la puerta, salió a la calle y volvió lentamente a su casa… Entrando, pasó maquinalmente a su cuarto, acostóse en el sofá, sin quitarse el uniforme, y… murió”.

La consulta ciudadana de Unidad Constituyente, el sábado pasado, podría decirse que sólo fue un trámite. No hubo sorpresas, ganó quien todos/as sabíamos que ganaría. Lo único que se buscaba era una gota de legitimidad, y como el descalabro interno había impedido la participación del conglomerado en Primarias Legales, fue necesario organizar el sucedáneo. Unidad Constituyente se ordenó y desplegó su gente para levantar mesas de votación en todas las comunas del país. Como la convocatoria alcanzó la escueta cifra de 150.881 votantes, de acuerdo al cómputo final, sólo quedaba alabar orgullosamente el despliegue organizativo. El ex presidente, Ricardo Lagos, por ejemplo, destacó: “Unidad Constituyente ha dado un ejemplo de voluntad, capacidad y eficiencia, no es fácil organizar lo que se ha hecho hoy”. A su vez, José Toro, secretario general del PPD, aseguró: “Esta consulta ciudadana ha cumplido con todos los estándares de una elección (…) es lo más importante de destacar, que esta coalición política tuvo la capacidad de organizar una consulta ciudadana en tres semanas (…) y por tanto, creemos necesario demostrarle al país que esta coalición política tiene las condiciones de liderar los procesos de transformación”.

Si bien es elogiable el despliegue de “voluntarias y voluntarios” que hicieron posible la consulta, las declaraciones de los personeros de la ex concertación sólo dejan entrever una especie de orgullo burócrata, lo que no es extraño si se piensa que se trata del conglomerado que administró el aparataje estatal en prácticamente los últimos 30 años. De hecho, los debates previos a la consulta, tenían ese aire de concurso de Alta Dirección Pública, donde ex ministros/as se enfrentaban sacando a relucir su capacidad de gestión, donde el concepto que predominó fue el de “cambios responsables”. La baja concurrencia de votantes, sólo refleja la lenta muerte de una forma de hacer política, pero ¿qué fue lo que le sucedió al que fuera el conglomerado político más exitoso de la post dictadura? “La vida está llena de imprevistos”, decía Chéjov. Lo que le pasó fue El Estallido, que miró con ojos críticos, no sólo el presente, sino los últimos 30 años. De ahí en adelante, los formalismos no funcionaron, no basta hoy simplemente decir “Dejad que las instituciones funcionen”, porque ya se sabe cómo y para quién funcionan ¿Por qué se muere el funcionario en el cuento de Chéjov? Porque su excesiva atención a un asunto de formas, algo elogiable en un funcionario público, termina siendo un fastidio. Cuando las formas dejan de tener el efecto esperado, cuando son incapaces de leer un contexto y revelan tan sólo el vacío de las formas, el funcionario público muere.

Un ejemplo de formalismo burócrata que caracterizó a la ex concertación, es decir ese trámite que debe realizarse sólo por una cuestión de apariencias, es el Estudio de Impacto Ambiental, al que deben someterse los megaproyectos, que incluye en su fase final una consulta ciudadana no vinculante, que en la práctica implica que la Empresa responsable del proyecto expone sus bondades a los/as vecinos/as de una comunidad o realiza focus group, sin importar la opinión real de la comunidad. Ese tipo de formalismos, dejó de tener el efecto esperado con HidroAysen, por las protestas masivas el año 2011. Ha sido el fastidio popular, el que ha hecho cada vez más difícil gobernar a través de la pantomima, es decir, las comisiones de expertos, los acuerdos entre cúpulas políticas, etc. La pasada Consulta Ciudadana, tiene un poco de esa pantomima, de ese formalismo vacío, de aquello que sin serlo se parece, pero los efectos pueden no ser los deseados, si se piensa que de alguna manera legitimó que otros competidores llegaran a la papeleta de noviembre saltándose las Primarias Legales. Lo abultado de la oferta (en total 9 candidatos/as) responde en parte al vacío de poder que deja el gigante burócrata que movió los hilos del Estado en tiempos de la eterna transición. Cherviakov siente que, en el vientre, algo se le estremece…

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