ARMANDO SALGADO : “CREO QUE GABRIELA MISTRAL ES MÁS MEXICANA QUE CHILENA”

Para el poeta mexicano Armando Salgado, autor del premiado libro Red Border situado principalmente en Tijuana, frontera de México con Estados Unidos, la migración es un acto casi orgánico. También hablamos de los problemas comunes que aquejan a nuestros países latinoamericanos, y de los autores que trascienden las fronteras. 

México, para nosotros los chilenos es un misterio algo insondable, nuestro espíritu “isleño”, no alcanza a dimensionar la inmensidad geográfica, las costumbres locales o  la cultura de cada región o estado; y en literatura,  la multiplicidad de voces y registros particulares ¿Cómo le explicas a un chileno, el fenómeno y cómo se puede de alguna manera categorizar?

Sentados bajo un árbol de limones, mi abuela orgullosa de su cultura trataba de transmitirme la complejidad de nuestro país, me dijo: “México, mezcla de surrealismos. Tan contemporáneo y distante de la perfección. Lugar de matices porcentuales y cúpula de diversidad sísmica. Ojo de agua y ceguera. Eterno contrapunto y flujo al revés. Encrucijada donde la felicidad hace nido con mucha desenvoltura. Sitio de mezcal y volcanes, catrinas y cempasúchil. Agua de tiempo, muchos Méxicos”. Yo tenía 9 años y miraba a lo lejos la huerta de aguacate (palta) extenderse sin fin. La sombra que provoca el árbol de aguacate —sus ramas suelen tocar el piso— es una de las imágenes que por más que quiero no he podido describir con palabras, solo cuando estoy ahí encuentro lo que mis ojos recuerdan, y resumo mi vida entre en ese verdor: veo en mi mano el pollito amarillo que apachurré, el miedo envuelto en ese amasijo y la confusión lanzándolo lejos para que mi abuelo Tayde no me regañara; veo los perros ya muertos y enterrados, uno a uno, bajo aquel árbol de limones que sigue siendo su tumba. A mi espalda está el granado, la bajada de piedra para ver la grieta que se hunde en el suelo y que en mi infancia parecía la entrada a otro mundo; veo a mi abuela envolviendo corundas con sus nietos, el fogón con los buñuelos listos y el olor del caño flotando al costado. La mayoría de personas dice que México es muchos Méxicos, es un axioma popular que crece en la medida en la que viajas por el país. Para mí es ver a mi madre levantarse todos los días para regar sus plantitas, preparar sus útiles y conectarse por whatsapp para tomar sus clases en plena pandemia o el olor a tabaco de mi abuelo que vagaba por las calles de la vida vendiendo plantas, cuidando huertas, velando el sueño de sus hijos, mientras no leía “Pedro Paramo” porque nunca aprendió a leer. Por eso cada vez que imagino a mi abuela debajo de aquel árbol de limones me acuerdo de aquellas palabras que nunca me dijo.

¿La literatura mexicana? Se escribe desde el lugar donde estés parado. Quien no ha vivido la violencia del día a día, escribe sobre sí mismo. Hay otras personas que escriben sobre sí mismos pero mirando al exterior, y hay quienes dejan la voz interna para asignarle voz a los marginados. Por mencionar algunos de los múltiples matices. Esto sucede en la literatura de cualquier otro país, sobre todo en Latinoamérica donde la cotidianidad y sus extremos exigen hurgar el límite de las posibilidades para interactuar antes de que el gran monstruo te devore: la ansiedad, el estrés, las brechas económicas, los distintos tipos de violencia, la corrupción, etcétera. A mí me sigue sorprendiendo que Roberto Bolaño escribiera “Los detectives salvajes” sin ser mexicano, y que lo haya escrito mientras vivió en España siendo un simple empleado de una pensión de autos. Bolaño con su ejemplo nos dice que no importa la nacionalidad, ni el lugar donde se escribe ni en qué te desempeñes para hacer literatura de grandes vuelos. Lo mismo sucedió con Gabriela Mistral, visitó Uruapan, mi ciudad natal, conoció distintos lugares de Michoacán, recorrió México junto con José Vasconcelos, fue amiga de varios escritores que la admiraron por su pensamiento sui géneris para su época, después ganó el Nobel de Literatura, 20 años antes que Pablo Neruda. Creo que Gabriela Mistral es más mexicana que chilena y que México tiene en realidad dos premios nobeles de literatura, contándola a ella. En Chile, en cierto momento tuvo mayor peso Pablo Neruda que Gabriela Mistral, hasta ahora la figura de Mistral se ha reinvindicado gracias a los movimientos feministas y al interés social de poner al centro la legitimidad de los derechos humanos que incluye la visibilización del pueblo mapuche y su defensa por los bosques. El gran ejemplo de Mistral nos permite comprender que no se necesita ser de un sitio específico para hacer una obra universal, que en realidad las fronteras las establecemos nosotros. Carlos Cociña dice que: “La migración traspasa límites exclusivamente humanos. En la naturaleza no hay fronteras, hay obstáculos, propios de la naturaleza de las personas”. No tienes que ser de un país para respirar sus imaginarios, no importa en qué lugar estés, porque eres tú nada más y lo que te rodea tendrá el mismo significado que tú le asignaste a las cosas, y que cuando migras, de forma interna o externa, te llevarás lo que te haya cimbrado, estés donde estés. México es Chile, Chile es México. Hay muchas similitudes transversales en América Latina. Así como Chile y su pueblo mapuche, en Michoacán, México, la comunidad de Cherán se levantó en armas en 2011, las mujeres comenzaron la lucha armada por la misma defensa de los bosques y el derecho de la vida de la población entera frente a los talamontes y el crimen organizado. Después se sumaron los hombres. Esta lucha generó la pauta para que actualmente Cherán sea un ejemplo de autogobierno reconocido por la constitución mexicana, otra situación sui géneris en América Latina. Es decir, qué nos hace diferentes a los chilenos de los mexicanos si ambos consumimos al día grandes toneladas de palta (aguacate) al tiempo que se erosionan los suelos, hay quemas de grandes héctareas de bosques por mantener a flote el mercado mundial de este monocultivo. Ambos países compartimos ese misterio insondable que mencionas, a nuestra manera, claro. 

El año 2017 ganas un premio importante por “La generación de la angustia, poetas nacidos entre 1936 y 1985” ¿Cómo opera esta antología de homónimos desde su génesis y que es lo que busca difundir?

“La generación de la angustia: poetas nacidos entre 1936 y 1985” es un poemario de mi autoría que incluye una selección de poetas ficticios de distintas nacionalidades. Lo publicó PuertAbierta, editorial independiente dirigida por Miguel Uribe, a través de la Secretaría de Cultura de Campeche como parte del Premio Internacional de Poesía Ramón Iván Suárez Caamal y se puede adquirir en línea en la página de la Editorial PuertAbierta. En dicha antología apócrifa, conviven 15 estéticas distintas, algunas con similitudes, otras que emplean otros recursos como la fotografía, el lenguaje poético tradicional desde una mirada mística, lárica, lírica e intimista. O con una construcción opuesta, la que trata de romper el tono drámatico, el lenguaje lírico y el tormento asiduo. Me hubiera gustado profundizar en las variantes dialectales de algunas regiones de otros países para crecer el espectro polifónico de este muestrario colectivo, pero por el momento me enfoqué en recursos universales que centran el poema como una caja de resonancias existenciales, a veces sociales, y otras de altura interna para que el lector o la lectora logre identificarse con alguno de los antologados, quienes de una u otra manera manifiestan su concepción sobre la angustia contemporánea, tan vieja o tan nueva, pero tan insistente. 

Tu libro “Tierras altas de Mato Grosso”, es una suerte de collage y convergencia de voces corales y diferentes referentes de diversas épocas, desde lo tribal, el método Bokanovsky, Madonna, Borges, Huxley, Armenia, solo para nombrar algunos; si bien es un libro complejo, a través de sus imágenes y atmósferas captas a un lector agente en un viaje social y ontológico en un intento de comprensión de un mundo en el desamparo ¿Cuáles son las cartografías que debemos entender para captar bien este libro polifónico?

De adolescente leí mucha novela histórica, entre esos libros recuerdo con mucho cariño Sinuhé El egipcio, de Mika Waltary. Me lo recomendó mi profesora Rosa María Arias León de la clase de Español, en la secundaria. Lo adquirí por 20 pesos mexicanos (1 dólar) en una tienda de libros usados. Comprendí que yo quería hacer eso, relatar los viajes interiores y exteriores de la humanidad, y en ese intento, regresar a casa, regresar a mí mismo para rearmar los pedazos del viaje e intentar comprender el sentido de lo que representa vivir en un mundo aciago, complejo, tan mercantil como humano, con extensiones económicas que determinan las múltiples direcciones sociales. Me interesa mucho la poesía que replantea el espectro social de forma genuina y original, aunada a los elementos culturales vigentes y los no tan recientes. Las descripciones de los divulgadores científicos, los documentales de Discovery Channel que vi en los 90, las historias complejas de anime, las clases magistrales de Historia del profesor Barrón en la secundaria, los textos épicos como el Popol Vuh o La epopeya de Gilgamesh, todo esto me llevó a construir el poemario “Tierras altas de Mato Grosso”, que hasta el momento es el libro que más se acerca a la mezcla de elementos que me han permitido repensar el mundo y mi vida. En “Tierras altas de Mato Grosso” encontrarán diálogos con Aldous Huxley y su visión distópica que ya nos alcanzó, el hilo de sangre de Nazim Hikmet, la historia trágica y lamentable de Aisha Duulow narrada por ella misma, un fragmento basado en hechos reales del normalismo rural mexicano, así como el instante donde dos chicas casi se besan en el metro de la ciudad de México, entre el sopor de la hora pico, el peso lapidario del concreto encima de ellas y el ruido de los 27 millones de habitantes de esa gran urbe. Es un libro que aunque ya fue publicado sigue evolucionando. En la versión mexicana hay una cuarta de forros escrita por el gran Adolfo Castañón, en donde explica las pinturas rupestres que delinean las costuras del libro. La versión chilena tiene un texto del poeta Octavio Gallardo en donde habla sobre la fractura continua del libro, porque es un libro con la intención de remover placas.

Tu libro “Red border” (Premio Nacional de Tijuana) es sin duda, un libro fundamental para entender el fenómeno de la migración, y no sólo de tu país, sino más bien como un estado casi orgánico de movimiento en busca de un “Paraíso terrenal” ¿Hay una mirada muy profunda que tú determinas como migración externa y migración interna, como opera esa visión en Red border?   

Este libro se escribió con las migraciones personales que pude realizar durante cuatro veranos que radiqué en Baja California, México, tierra que aprecio mucho y de la que es fácil maravillarse. A la par, es un libro personal que me recuerda que mis abuelos fueron migrantes, mi madre también lo fue, no se fueron a EUA, sino que salieron de sus comunidades en busca de mejores estilos de vida, lejos de la tierra que les vio crecer, o de la escasez que a veces se confunde con el insomnio. Por cierto, hay un poema de Rosario Castellanos que orienta la explicación de “Red border”, se llama “Relato del augur”. Rosario en este poema nos dice: 

“Antes que amaneciera nos encontramos juntos.

Como quien sale de un sopor nos vimos

y a oscuras nos buscamos las caras y los nombres.

Y dijimos: hermanos seremos de una misma

memoria, de unos mismos trabajos y esperanzas”.

Después complementa:

“De tal modo, la marcha

se hizo lenta y difícil para muchos”.

En cierto modo, Rosario Castellanos habla de la migración, esa necesidad de reconocernos en los caminos que andamos. Esa búsqueda inconclusa, que no tendrá fin porque ha sido heredada de generación en generación. Es lo que somos: continuidad, exploración, memoria. “Red border” aborda el imaginario de las múltiples fronteras en esta continuidad, exploración y memoria tanto colectiva como personal. “Red border” tiene tres saltos reflejados en su contenido: 1. La relación de un migrante con Tijuana. 2. La correspondencia entre la vida de consumo y la migración. 3. La violencia como efecto colateral de la migración. En EUA hay aproximadamente 16 millones de migrantes (15.900.576 millones) en 2020. 38.5 millones de personas residentes en Estados Unidos son de origen mexicano. Y que cerca de 4 millones de michoacanos radican en Estados Unidos, “casi otro Michoacán en cuanto a población se refiere”, declaran las estadísticas oficiales, ya que en el estado vivimos 4.5 millones de personas. Estos números son parte de la memoria fluctuante, de la fragilidad que se anida en nuestros imaginarios, de las facetas identitarias que nos permiten escribir esta realidad que nos circunda. En cierta medida, somos lo que nos rodea, por tal motivo alguna vez hace miles de años, nos atrevimos a bajar de los árboles, levantamos el rostro más allá de la altura de los pastizales, aprendimos a utilizar el fuego y a danzar y a caminar e ir de un lugar a otro en este peregrinaje sombrío que continúa y que se remonta hasta el actual periodo de las pandemias.

Selección de poemas.

 

ESTHER VELÁZQUEZ (1936-1972)

URUAPAN, MÉXICO

 

PRÓLOGO

 

Afuera las ovejas 

se miran entre ellas.

 

Dentro de mí hay 

un campo silencioso.

 

Los pájaros piensan

que es el sol

pero es mi tristeza

que se oculta.

 

Quizás mis pájaros

se averiaron

y perdieron su compás.

 

Quizás yo estoy rota

y aún no lo percibo.

 

Quizás el viento

se cuela 

entre mis dedos

y despeina 

mis lágrimas. 

 

Quizás el cansancio 

no da cuerda 

a mis pulmones.

 

Y aunque todo pese 

demasiado 

voy a la vida 

como quien respira

de nuevo.   

 

(De La generación de la angustia)

 

 

 

No recuerdo la forma de Tijuana: 

se viste de distintas maneras. 

A veces es una simple cicatriz, 

una mujer con tatuaje en el coxis

 o una calle con migrantes

 que tocan a la puerta de otras calles

 para preguntar cómo franquear la vida. 

En días de fuertes aguaceros y granizo 

las preguntas se quedan sin techo.

 

 

Comunidad transfronteriza 1 

 

En cierto modo todos deseamos brincar: la acera por lo menos, o los dogmas que castran el desarrollo aparente del ser humano (en Guatemala quemaron a un científico maya porque lo opuesto incendia fronteras). Algunas personas del extremo sur de México desean llegar a esta punta. Una noche de insomnio vi una caravana de migrantes que cruzaba mi cama hasta el borde: les pregunté a dónde iban y supe que buscaban el refrigerador.

 

 

Arte poética 2

 

El libro de texto de geografía dice que cuando el poema llega al lugar de destino es inmigrante. Cuando un poema sale de su lugar de origen se le llama emigrante. La poética es la acción de salir del lugar de origen. La escritura es la acción de llegar al lugar de destino.

 

 

 

________

Armando Salgado (Uruapan, Michoacán, México, 1985). Docente y escritor. Egresado de la Escuela Normal Rural Vasco de Quiroga, de Tiripetío, Michoacán. Es autor de dieciséis libros de poesía, narrativa, y literatura infantil y juvenil entre los que destacan: Red border (IMAC, 2020; Premio Nacional de Poesía Tijuana 2020); Tierras altas de Mato Grosso (CONECULTA-Chiapas, México, 2018/Los Perros Románticos, Chile, 2019; Premio Internacional de Poesía Jaime Sabines 2017 y finalista en el Certamen Hispanoamericano de Poesía ‘Festival de la Lira’ para obra publicada, en Ecuador); Cofre de pájaro muerto (Ediciones de Punto de Partida, UNAM, 2014; Premio de Poesía Joaquín Xirau Icaza para obra publicada, 2015 otorgado por El Colegio de México a través del Fondo Xirau Icaza). Compiló con Octavio Gallardo el cuerpo de documentos de descarga gratuita Estrategia del poema: 72 autorxs hispanoamericanxs (Bitácora de vuelos ediciones, 2020). Coordina un ciclo de entrevistas en el suplemento cultural La gualdra, de La Jornada Zacatecas.

 

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