SERGIO ROJAS: EL PASADO NO CABE EN LA HISTORIA

sergio rojas el pasado no cabe en la historia

Transcripción de la Charla inaugural del 11° Congreso Futuro, Santiago de Chile, dictada el lunes 17 de enero, 2022

 

Mi campo de trabajo habitual es la filosofía, la estética, la filosofía de la historia, y desde allí he querido responder a esta invitación. Lo que les voy a proponer, aunque suene paradójico en un primer momento, es una reflexión sobre el pasado. Claro, en un congreso sobre el futuro, aquello puede resultar extraño. Creo que hoy tenemos grandes expectativas sobre el futuro, estamos muy interesados en el futuro, tenemos esperanzas en el futuro, pero al mismo tiempo en nuestro propio presente nos cruza un sentimiento, un presentimiento de inseguridad, de incerteza y muchas veces pensamos que esa incertidumbre, esa incerteza tiene que ver con que no sabemos lo que viene, es la incertidumbre respecto del futuro.

Lo que quiero proponer es que buena parte de esa incertidumbre no tiene que ver solamente con que no sabemos hacia donde estamos mirando lo que estamos esperando, sino que no sabemos desde dónde estamos mirando hacia el futuro, es decir, nuestra incertidumbre cruza y afecta directamente nuestro presente y tiene que ver con la relación con el pasado. Las dos imágenes con las que abro mi charla quieren ilustrar el hecho que los acontecimientos no son en sí mismos históricos. La historia no se identifica con el pasado, la historia es una interpretación, que implica seleccionar acontecimientos, reconocer su estatura histórica, interpretarlos ¿Qué es lo que sucede hoy en esta relación paradójica con el tiempo? ¿Cómo se ha alterado? Como decía, estamos cruzados por la incertidumbre, tenemos una conciencia de la precariedad, de la contingencia, algo que a ratos vivimos como algo emancipador, nada llega para quedarse, eso es emancipador, pero al mismo tiempo es angustiante, nada llega para quedarse, todo es contingente, incluso el soporte de nuestros pensamientos, el soporte material de nuestras comunicaciones, de nuestras creencias, de nuestras expectativas, están afectadas también a esa contingencia. Un grabado en piedra podía durar 10.000 años, hoy día los discos ópticos tienen una duración promedio entre 5 y 10 años, es realmente tremendo, no terrible, tremendo, algo que excede nuestra capacidad de pensarlo.

El poeta senegalés Léopold Senghor decía hace muchos años atrás que la muerte de un anciano en su pueblo natal, en África, correspondía a lo que en occidente hubiese sido el incendio de una gran biblioteca. Me pregunto ¿Tenemos nosotros esa valoración del pasado, reconocemos nosotros ese valor en la vida vivida, en las memorias, en los recuerdos, en las biografías? o estamos más bien volcados sobre lo contingente, sobre la actualidad, fascinados por la aceleración, incluso no solo por el consumo, sino por lo que podríamos llamar una desesperada entretención. El año recién pasado, el presidente de la super liga de fútbol propuso acortar la duración de los partidos de fútbol ¿Por qué? Porque dos tiempos de 45 minutos cada uno y un intermedio de 15, al parecer ya no logran capturar la atención, especialmente del público entre los 18 y 24 años. El fútbol ya no puede competir con la play station y las plataformas digitales. En ese tiempo agencia y en donde estamos mirando hacia el futuro, llenos de expectativas, pero también de incertidumbre, la pregunta es ¿Qué sucede con el pasado?

Conocemos estos dos documentales, pertenecen al género denominado falso documental o documental ficción en la plataforma Netflix: “Muerte al 2020” y “Muerte al 2021”. Estos documentales, con un humor muy inteligente, con una ironía reflexiva, nos sugieren que el pasado es una catástrofe, que el pasado que está a nuestras espaldas es un gigantesco error del cual debiéramos deshacernos, debiéramos sacudirnos para poder volcarnos hacia el futuro, es decir, si cargamos con el pasado el futuro no llegará. Ese es el presentimiento que yo invito a reflexionar críticamente.

El pasado está allí, pero sin relato, el pasado se ha insubordinado respecto a los relatos, a las grandes historias que lo habían resuelto. En la revuelta que se desencadenó en Chile el 18 de octubre de 2019, algo que ocurrió no solamente en Chile, de pronto, como dice Anne Applebaum en su libro sobre la crisis de la democracia, pareciera que todo el planeta se enfadó. En Chile un aspecto que llamó especialmente la atención en este proceso fue la destrucción de monumentos. Se han elaborado muchas teorías, discusiones y artículos sobre eso, me interesa especialmente una, la que dice que destruir monumentos tenía que ver con poner en cuestión una gran historia instituida, una historia que resolvía el pasado, que se había naturalizado y en donde abundaban las efemérides de grandes estadistas y por supuesto efemérides militares. Se pone en cuestión el pasado, ese pasado nos resulta de pronto ajeno o al menos la historia -el relato que lo ordenaba, que lo interpretaba y que se proponía como una interpretación nuestra, del presente- queda hoy día puesto en cuestión, ha quedado violentamente puesto en cuestión, en eso estamos. Pero ese pasado hoy insubordinado respecto a los relatos está allí, demandando derechos. Esa es la situación en la que hoy nos encontramos ¿Cómo llegamos a esta situación? ¿Cómo se produce esta paradójica relación con el tiempo donde nuestro pasado inmediato nos resulta ajeno?

El historiador británico, Eric Hobsbawm, denomina al siglo XX “el siglo corto”. Según Hobsbawm, el siglo XX habría comenzado en 1914 con la Primera Guerra Mundial, y finalizado en 1991, con el derrumbe de la Unión Soviética ¿Qué es lo que sucedió en ese tiempo? Lo que sucedió fue el fin del relato, el fin de los grandes relatos, algunos hablaron en ese entonces del fin de las ideologías; podríamos decir que lo que ocurrió ahí fue el fin de lo que se entendía, todavía hasta ese momento, como una “historia universal de la humanidad”. Esa noción nos resultaba hasta hace poco tan familiar: Historia Universal de la Humanidad… “la humanidad avanza hacia el futuro”, “la humanidad llegó a la luna en 1969”, la humanidad… Ni siquiera se decía la humanidad, se decía “el Hombre”, el hombre llegó a la luna. Hoy día decimos: “dentro de pocos decenios más la humanidad estará llegando a otros planetas”. ¿La Humanidad? ¿Quién es ese Universal? Dada la desigualdad que existe hoy en el mundo, si es que efectivamente se comienza a llegar a otros planetas en pocas décadas más, ya sabemos quiénes serán los primeros en llegar a esos otros planetas. Entonces, esa noción universal de humanidad entra en crisis, se materializa, la idea de humanidad, el concepto de humanidad se materializa en millones de individuos, se transforma en algo concreto.

Hoy el término humanidad significa siete mil millones de individuos, es decir el mundo está lleno, de pronto el mundo está lleno, que percibimos, que experimentamos cotidianamente, no tiene que ver necesariamente con un fenómeno cuantitativo, no tiene que ver solamente con un fenómeno de crecimiento de la población o superpoblación, tiene que ver con una conciencia cada vez mayor que todas las vidas valen, que todos los individuos valen. La experiencia del momento de mayor congestión de personas en el metro -sobre todo antes de la pandemia-, ese momento caótico, tiene que ver en cierto sentido con un “momento democrático”, ese es el momento de la democracia. Puede resultar paradójico decirlo de esta manera, pero se trata justamente del momento en donde “no todos cabemos”, sin embargo, la demanda existe y es legítima. Es una experiencia radical, fuerte, cotidiana de la democracia. El mundo, de pronto, está lleno.

Hubo grandes relatos que nos decían que la historia de la humanidad describía, sobre todo en la modernidad, un curso de sentido que se dirigía hasta un fin de la historia glorioso, o un progreso que se escribía en nombre del espíritu universal, como diría Hegel, o desde la idea del Estado Nación, esas narraciones y esas ideas permitían, por supuesto, articular el pasado, más precisamente: seleccionar del pasado ciertos acontecimientos, porque no todo el pasado cabe en la historia, no todo en el pasado tiene estatura histórica, y entonces ciertos lugares, ciertas zonas geo políticas en el planeta emergían, se presentaban como representantes de la humanidad. Ese relato del progreso, ese relato hegemónico del desarrollo de la civilización era real, por cierto que era real, grandes acontecimientos tuvieron lugar allí y a ellos debemos, en buena medida, nuestro presente; pero al mismo tiempo ese relato inevitablemente arrojaba  invisibilidad, arrojaba oscuridad respecto a los acontecimientos de violencia que eran inherentes a ese mismo proceso, y que tienen que ver con colonialismo, con esclavitud, incluso con formas de violencia a las que se denomina “violencia de grado cero”, violencias establecidas, naturalizadas, que tienen que ver con el racismo, que tienen que ver con el clasismo.

Hoy día, caídos los grandes relatos, emerge lo que podríamos llamar -tomando un concepto de la cosmología- la masa oscura de la historia, esa magnitud abrumadora de acontecimientos y de individuos que, incidiendo en la historia, sin embargo, no protagonizaban sus grandes relatos. Esto es lo que tensiono en esta imagen confrontando el conocido dibujo “El hombre de Vitruvio”, de Leonardo Da Vinci (1490), con “Proporciones del Cuerpo”, del artista chileno de ascendencia huilliche, Bernardo Oyarzún (2003).

La gran historia, la historia que privilegiaba los acontecimientos fundacionales, como lo que vemos en la imagen de la izquierda “La Fundación de Santiago”, la conocida pintura de Pedro Lira (1888), esa gran historia, hoy día se devela como una representación, como una interpretación, por supuesto que esto es algo que los historiadores vienen trabajando hace mucho tiempo; lo que ahora estoy reflexionando es el modo en que una cierta idea de la historia, consagratoria, que abundaba en efemérides militares, en grandes acontecimientos y en grandes personajes, la mayoría de ellos varones, esa gran historia hoy día se disuelve, queda puesta en cuestión y emerge ese otro pasado, como lo que vemos en la imagen de la derecha “Niñas en las salitreras” (1910). Hace algunos años atrás han comenzado a aparecer importantes estudios respecto al protagonismo que tuvieron las niñas, incluso las niñas pequeñas, en la vida en las salitreras, cómo se relacionaron con este importante capítulo en la historia de Chile como fueron las salitreras, un “capítulo” que se inscribe tanto en la historia de la modernidad, de la modernización, como también en una historia de la violencia, de la marginalidad social.

Podría decirse que hoy vivimos el tiempo de la gente corriente, es el tiempo -como se dice coloquialmente- de la ciudadana y el ciudadano “de a pie”. En hora buena. Cuando miramos hacia atrás, en aquella “gran historia” echamos de menos justamente a la gente corriente, como lo constatamos en el conocido poema “Preguntas de un obrero que lee” de Bertolt Brecht (en la imagen junto a la escultura “Trabajador leyendo”, ubicada en los jardines de la Carnegie library):

“César derrotó a los galos.

¿No llevaba siquiera a un cocinero?

Felipe de España lloró cuando su flota fue hundida.

¿No lloró nadie más?”

En hora buena, entonces, los individuos de carne y hueso son los protagonistas. Sin embargo, estamos cruzados por la incertidumbre, en la cual incide incluso la información; en efecto, la misma información que nos emancipa trae también una realidad siempre inédita, que nos descoloca. En un año se realizan en promedio seis mil millones de consultas diarias en Google, nunca habíamos tenido tanta información sobre “lo que pasa”; sin embargo, hoy la información misma se transforma en realidad. La vida privada, la vida privada de cada uno y cada una, acontece la mayoría de las veces frente a un ordenador, frente a una pantalla. Nuestra vida privada es un comportamiento digital. Hace unos años atrás, el ciudadano austriaco Max Schrems, solicitó a Facebook que le entregara toda la información que Facebook tenía respecto a su comportamiento digital. Facebook le hizo llegar un CD con un documento de 1.200 páginas, donde está absolutamente todo: sus amigos, los que había borrado, todos los mensajes que había enviado, incluyendo los que había eliminado. ¿Significa esto que ya no existe la vida privada? No, no significa eso, más bien significa que lo que entendíamos hasta ahora por “vida privada” se transforma. Hoy día las personas, habitualmente, ya no dicen “No tienes derecho a saber de mi vida privada, a mirar mi vida privada”, porque la vida privada está allí, disponible o accesible. ¿Qué es lo que se dice? “No tienes derecho a juzgar mi vida privada”.

Debido a la tecnología está cambiando nuestro tiempo, nuestro presente, se transforma radicalmente nuestra existencia. Ya no hablamos de una “Historia Universal de la Humanidad”, pues esta esencialidad queda puesta en cuestión, pero sí tenemos presente el planeta como totalidad, permanentemente. Lo que vivimos como una crisis, se expresa habitualmente como una crisis de la democracia y particularmente de la democracia representativa, esa crisis de la democracia que hoy día se vive a nivel global no tiene que ver solamente con la evaluación que se hace en cada caso de la clase política, tiene que ver con una crisis del orden democrático, una institucionalidad que ya no logra contener las demandas, los derechos exigidos por la población, las demandas de lo que recién denominaba la “gente corriente”, la gran protagonista. Pero ¿Qué significa “gente corriente”? ¿Cuándo decimos “gente corriente”? Creo no equivocarme al señalar que cuando hablamos de “gente corriente” lo que queremos decir es gente sin poder, gente que no tiene poder. Ese es nuestro problema hoy.

Según un Informe de las Naciones Unidas, en la actualidad 80 millones de personas en el mundo viven en una situación de migración forzada. “Aprender a convivir” es el lema de este Congreso Futuro, éste ha sido el problema del siglo XXI, que si tomamos la tesis de Hobsbawm no comienza el 2001, sino que habría comenzado en 1992, cuando el pasado se nos vino encima, cuando nos quedamos sin relato.

Aprender a convivir, ese es el problema, la incertidumbre implica miedo, hoy día vivimos el miedo cotidianamente, el miedo a la pobreza, el miedo a no llegar a fin de mes, el miedo a la enfermedad, el miedo a los otros. En un mundo globalizado, ese que habitualmente denominamos “mundo sin fronteras”, se multiplican las fronteras. Para el flujo de los seres humanos no sólo se mantienen, sino que aumentan las fronteras de todo tipo,

no así para los flujos de capital. Este ha sido un tema para las Artes desde hace ya bastante tiempo. En la Bienal de Sao Paulo el año 2006, el lema fue “Vivir Juntos”. En la Bienal de Venecia el año 2019 El lema fue “Que vivas tiempos interesantes” ¿Qué significa “que vivas tiempos interesantes”? Significa piensa tu tiempo, no te abandones al optimismo cínico o al pesimismo contemplativo, esa actitud contemplativa que dice “las cosas van mal, pero alguien va a ser algo”, alguien más inteligente que yo, alguien más poderosos que yo va a encontrar una solución al problema. Haz que tu tiempo sea interesante, involúcrate en tu tiempo. La Bienal de Venecia de este año tiene como título “The Milk of Dreams” (La leche de los sueños), enunciado tomado de un hermoso libro de la artista Leonora Carrington. Cabe mencionar que la representación de Chile en esta versión de la Bienal de Venecia estará a cargo del proyecto “Turba Tol”, un proyecto socio-ecológico que lleva años desarrollándose en Tierra del Fuego, en donde se congregan las ciencias de la naturaleza, las ciencias sociales y las artes, es decir, estamos buscando una salida.

El pasado es algo extraño, como lo vemos en este pasaje de la conocida novel El Perfume de Patrick Süskind (1985):

“Las calles apestaban a estiércol, los patios interiores apestaban a orina, los huecos de las escaleras apestaban a madera podrida y excrementos de rata; las cocinas, a col podrida y grasa de carnero; los aposentos sin ventilación apestaban a polvo enmohecido; los dormitorios, a sábanas grasientas, a edredones húmedos y al penetrante olor dulzón de los orinales”

Cuando miramos hacia el pasado, me refiero especialmente a la cotidianidad en el pasado, lo que nos preguntamos muchas veces es ¿Cómo fue posible que los seres humanos vivieran allí? El pasado tiene no solamente otros olores, como en la novela de Süskind, sino también otras modas lingüísticas, otra visualidad, otro sentido del humor, otras angustias. También nosotros seremos extraños para el futuro. En el futuro se preguntarán cómo fue posible nuestra cotidianidad.

Termino con la siguiente escena. El año 2014 en el Museo Nacional de Bellas Artes el artista Christian Boltanski montó la exposición “Almas”. En una de las obras en esta exposición cuyo título era “Archivo del corazón”, el artista invitaba a los espectadores a grabar sus latidos del corazón, luego el visitante recibía un CD (yo lo hice) que contenía sus latidos del corazón, y una copia de este registro era enviado a la isla de Teshima, en Japón, donde Boltanski, desde el año 2008 en adelante, ha ido construyendo un “archivo del corazón”, grabando los latidos cardíacos de miles de individuos alrededor del mundo. Una invitación a pensar el pasado, una invitación a pensar que nuestra relación con el futuro es una relación desde un presente que está cargado de pasado, lo que diremos entonces es “He vivido, por lo tanto, tengo pasado, por lo tanto, tengo una historia que contar”. Gracias.

 

Sergio Rojas Contreras (Antofagasta, 1960): Filósofo, Doctor en Literatura, Profesor Titular de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile; es también profesor en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la misma universidad. Sus campos principales de investigación son actualmente la estética, la teoría del sujeto y la filosofía de la historia, Ha sido profesor invitado en la Universidad de París 8 (Francia); Texas A&M University (Estados Unidos); Universidad de Valladolid (España); Universidad Mayor de San Andrés (Bolivia); Universidad de Costa Rica. Ha dictado conferencias en diversas universidades de América Latina, Europa y Estados Unidos. Sus últimos libros publicados son: Escritura neobarroca (2010); El arte agotado (2012, Premio del Consejo del Libro y la Lectura al mejor ensayo publicado ese año); Catástrofe y trascendencia en la narrativa de Diamela Eltit (2012); Las obras y sus relatos III (2017); Tiempo sin desenlace. El pathos del ocaso (2020). También ha publicado las plaquettes La sobrevivencia cínica de la subjetividad (2014) y Escribir el mal. Literatura y violencia en América Latina (2017). Ya están en proceso de edición sus próximos libros: De algún modo aún. La escritura de Samuel Beckett (Ed. Pólvora) y El pasado no cabe en la historia (Ed. Palinodia).

 

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