ASOCIACIÓN ILÍCITA, Columna de Salvador Gaete. “La banalidad del Mal”

 

Giorgio Agamben cuenta que en Auschwitz se jugó un partido de fútbol. La SS contra los sonderkommando, que eran prisioneros judíos a cargo de desocupar la cámara de gas (sacar los cadáveres y limpiarlos de piezas dentales metálicas y cabellos). Para el filósofo italiano esta escena no representa una pausa de humanidad en medio del horror, sino la insoportable instalación de la normalidad en medio del horror. Es decir, ese partido de fútbol, aparentemente inofensivo, representa el momento en que la política de excepción, el estado de excepción se hace permanente, se transforma en norma de vida.

 

Esto nos enseña que lo banal no siempre es inofensivo. No es anecdótico que en Chile, el ejército, en un comunicado oficial opine escandalizado por un programa televisivo, es una ridiculez sin lugar a dudas, un despropósito, pero en ningún caso un desliz inocente. Es el intento de normalización de la excepción. Ahora que las restricciones adoptan el cariz de lo benéfico a propósito de la pandemia, que prácticamente debemos “agradecer” que las FFAA se desplieguen por las calles para evitar nuestro libre desplazamiento. El ejército decide dar un paso más: la risa también puede ser contagiosa, la risa cuando es irresponsable es peligrosa para la democracia. Sabemos lo que viene, el programa de parodias en cuestión responderá en consecuencia con otro gag humorístico. Antepondrá la risa a la censura, esta vez habrá aumentado su audiencia y seguramente nos reiremos contagiosamente, pero habremos aceptado jugar ese partido de fútbol de camaradería, en esa zona gris que borra las fronteras del campo de reclusión.

 

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1 thought on “ASOCIACIÓN ILÍCITA, Columna de Salvador Gaete. “La banalidad del Mal””

  1. Mario Contreras Vega

    Da para pensar en si los ciudadanos querrán hacerse parte de este horror y “normalizará” la insolencia de los milicos y sus mandamases ante la pública y descarada violación del principio de prescindencia que debería regir obligatoriamente para quienes tienen a cargo el uso de las armas que el país les provee.

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