Giovanni Astengo. Entrevista a Gabriela Paz Morales: “El estallido social fue profundamente poético”

Es de noche. Gabriela Paz, escribe poesía y me concede esta entrevista de computador a computador, de estrella a estrella; la noche es sagrada para Gabriela y desde ahí configuramos una bitácora de viaje y reflexión por los grandes temas que atraviesan su poesía y su vida.

 

Quisiera comenzar con una pregunta más bien amplia, en el siglo XIX y sobre todo los poetas franceses como Baudelaire y Rimbaud, se comienzan a cuestionar el concepto de belleza, después en el Siglo XX, lo retomarían teóricos como Umberto Eco, Walter Benjamin y otros, a partir de esta breve reflexión y a propósito de tu poema “Simbolistas”, que yo siento, que desacralizas a los a veces mal llamados “Poetas malditos” ¿Cómo concibes o como se desarrolla el concepto de belleza en tu obra poética y como la vislumbras en ese texto en particular?

Creo que mi quehacer poético, desde niña, obedece a la búsqueda de la belleza, belleza como lugar/hogar ideal libre del mundo, belleza como espacio al que sólo se puede acceder por medio de la poesía, en la más absoluta soledad, y no sólo en la obra concebida, que sería como lo que se devuelve a los otros, luego de ese “viaje”, sino en todo su proceso de gestación. Es curioso, porque este concepto de belleza me es instintivo, y claro, se podría decir es muy “simbolista” muy “francés”. Pero, considero que esa búsqueda de belleza “simbolista” es paradójica, pues si bien libra de las leyes del mundo, como suerte de modus vivendi estético conduce inevitablemente al spleen, la melancolía. Como experiencia poética es fantástica, pero en su traslado hacia la vida moderna atrae al más profundo nihilismo. Y en ese sentido, la búsqueda de belleza como anhelo de cierto esplendor vitalista privado, cobra cierta fatalidad. Pienso, ahora que me lo preguntas, que este poema más que desacralizar a los simbolistas, desacraliza a su concepto de belleza como forma de habitar, pues le he visto devorar personas hasta el desplome más absoluto. Y aunque es el más seductor de los vivires, intuyo debe mancillarse, pues imposibilita la vida en el mundo de los vivos. Como diría Santo Tomas de Aquino “un martillo de cristal es feo”. Mira, finalmente, la que siento que mejor lo dice es Gabriela Mistral en su decálogo del artistita, donde en el punto IX ella establece: No te será la belleza opio adormecedor, sino vino generoso que te encienda para la acción, pues si dejas de ser hombre o mujer, dejarás de ser artista. Entonces, yo ahora estoy en un proceso de abrir la belleza hacia una zona, algo menos artificial, donde el poeta retorna a la naturaleza, a cierto vigor de espíritu anterior a las cosas del mundo, me refiero a las cosas del mundo como los artificios burgueses sobre él, etc. Aunque sigo aspirando en mi obra a esa belleza simbolista jajajjajaj, me es inevitable.

 

 “Mira el cielo,/ contempla el abdomen redondo/ de los pájaros volando,/ caen algunas plumas sobre su rostro,/ imagina poblarse de ellas,/ extiende los brazos/ cierra los ojos corre.” Estos son versos del poema “Pájara” del libro “Fieras” (Editorial, Signo) que se suman a la gran tradición de la poesía escrita para niñas (os), la de Gabriela Mistral, Efraín Barquero, Floridor Peréz, Lila Calderón y tantos más, que han tratado de “inmiscuirse” en el “País del Nunca jamás”. Siento que en este libro tu propones no tratar a los infantes como una tabula rasa, si no más bien hacerte cargo de su mundo y entrar en ellas y ellos como una igual y sin aires de superioridad ni intenciones didácticos.

 Es que, para serte franca, las personas en proceso de infancia me parecen bastante más respetables que aquellas en estado de adultez, la adultez común y corriente es bastante simplona, ya que por algún bache cultural occidental se le hizo pensar a los humanitos/as/es que llegada cierta edad debían establecer su intelecto y no se les debía notar la ignorancia, que debían sabérselas todas, no tranzar ningún punto de vista, venir de vuelta siempre. En cambio, las personas en situación de infancia, sin idealizarlas claro, al menos no están anquilosadas en la mansedumbre de sus conocimientos limitados, y para más remate se deslizan entre planos de fantasía, tiempo, conceptos, sin prejuicios, ni miedos. Es decir, figúrate tú, sería un honor máximo para mí poder acercarme como una igual, sin embargo, creo que siempre llevan ventaja, y es que poder crear algo a su altura desde el mundo adulto es dificilísimo. Tratar de no educar, adoctrinar, persuadir, es todo un reto, qué si confieso me interesa en lo particular, incluso frente a las personas que nacieron desde mí. Y sí, en Fieras traté de ofrecer textos que extendieran preguntas hacia los/las/les lectores, me parece muchísimo más formativo ofrecer dudas, que respuestas. Y antes que el entiendo, situar el atiendo. Por otro lado, concuerdo completamente con Walter Benjamín y su idea de salvar la infancia de “colonizadores” inescrupulosos, ante la literatura para la infancia. Ese: “¡Se educado, se ordenado, se piadoso!” no me interesa, porque a la larga es adoctrinamiento vacío; es decir, antes ofrezcamos el fondo de esos conceptos y luego, sus etiquetas.

 

Otra de las cosas que me llaman la atención de tu poesía, y que me recuerda a Huidobro, es la disposición de las palabras, que casi constituyen una nueva lectura. En estas grafías, siento que hay una significación mayor al puro orden estético.

Sabes, es que claro, me interesa la disposición de las palabras en la hoja mucho más allá del orden estético, como bien lo planteas tú. Utilizo la distribución del texto como un recurso expresivo, que me permite ofrecer al lector la pausa versal necesaria, para intencionar la dimensión o significancia profunda de las palabras, esta situación quien la explicó de manera brillante fue la poeta Denisse Levertov. Pero básicamente, para mí, la manera en que distribuyo los versos y las palabras sobre la hoja no son gestos gratuitos, ni una sintaxis que adscribo hacia una poesía para el ojo. Efectivamente, la ofrezco como constituyente de una nueva lectura, donde aparece el silencio, el no sonido, la respiración, ese momento de pensar, acantilarse, el ritmo, el peso de la palabra. El texto de esta manera, en cierto punto, es partitura, la poesía/ música.

 

Como poeta activa en el mundo social, de que manera y desde tu óptica poética y ciudadana ves los fenómenos del “Estallido social” y el Feminismo (Tanto en lo social, como en la literatura).

 Creo que el estallido social fue profundamente poético, pienso que surgió como una aparición del lenguaje desde la pulsión, en un país que parecía calladito, quietito, bien portado, tan bonito. Es decir, lo visualizo como una poética de urgencia, que nace sin programa, filtrada por demandadas colectivas que decantan en un texto público, que se rescribe, borronea, se declama, se articula en el palpito insostenible de la sangre, coagulada de silencio. Veo al estallido social como un cadáver exquisito de sentires, de necesidades, de emociones, de luchas personales privatizadas por fin sociabilizadas en una suerte de gran sentido común, como un gran poema que explosiona en la plaza pública. Si lo piensas, empiezan a brotar palabras, versos, discursos, las calles se llenas de escritos, grafías, las ciudades enteras parecen un lienzo de poesía collage. El estallido social fue un poner todos los sentires sobre la hoja. En este contexto, me parece preciso detenerse en la consigna que enmarca al movimiento que se abre al 18 de Octubre “vivir con dignidad” donde se establece un ideal por sobre las luchas particulares de salud, educación, vivienda, etc. Surge un leitmotiv poético, un deseo, EL DESEO, desear existir de cierta forma estética. En este sentido, creo que también es innatamente feminista, porque habla de resituar la individualidad, hacia un vivir deseable, que rompe con el ostracismo patriarcal, con ese guardarse todo, que cambia la relación con la autoridad, con las instituciones, que aspira al respeto de los sentires, aspiraciones y necesidades personales, he ahí la política de los efectos, etc. Y también está esa nueva forma de organizarse, más femenina, donde no hay bases jerarquizadas. Cuando tu ibas a las marchas, yo fui a bastantes, por mucho que las noticias mostraran la violencia absoluta, ahí había mucho amor sucediendo en lo/las/les marchantes, muchos rostros al punto de lagrima, muchos abrazos, gente desconocida dándose la mano, sonriéndose, compartiendo. Fue como si de pronto, en la calle bullera un país distinto, impensado hasta entonces. Creo que este es un tema de larguísimo aliento de explorar, pero me parece que chorreará innegablemente hacia la literatura, pues la llave del lenguaje quedo corriendo.

 

En casi toda tu obra, siento que hay una apuesta de mirarse desde el cuerpo, pensarse desde el cuerpo y sobre todo el cuerpo femenino, ya en tu primer libro “El silencio de los intervalos “, (Signo, editorial) aparece, pero sin dudas con mayor fuerza – y su título ya lo anuncia- en “Pilucha”, como ves esa relación más corpórea, no tan explorada en la tradición literaria chilena.

 Si, mira, siento que el cuerpo erotizado quizás sí, el cuerpo amoroso está en la literatura chilena, quién más amatoriamente carnal que Gonzalo Rojas, por ejemplo. Pero mi situación ante el cuerpo, claro, es otra, quizás todo lo contrario jajajjaja. Desde pequeña me obsesiona que el cuerpo humano tenga fecha de expiración, que se queme, que crezca, que sangre, que de a luz otra vida, imagínate qué locura. Que el cuerpo se acabe, se termine, que, a pesar de cualquier voluntad, pensamiento o intención de vida, si el cuerpo se acaba, se acaba y ya está, no hay vuelta que darle, ni reparación, no hay retorno. El cuerpo en su dimisión estrictamente biológica me parece de una crueldad hermosa, estremecedora y absoluta, pero lo que me parece más macabro es ese arrojo humano occidental de despegarse del cuerpo. Básicamente, me interesa el situarse desde el cuerpo, porque para mí es configurarse desde la más honesta fragilidad y creo que esa consciencia total de la potencia vital finita, es una fuente exquisita de pasión, pues sabe de su fin irremediable.

 

“La geométrica danza de las asimetrías” Es tu último libro, publicado por “Buenos Aires poetry” Este 2021. Yo siento que hay un salto cuántico sin proporciones, pero que no pierde tu propia voz y habitación poética, salto cuántico en relación de nuevos recursos y temáticas que van configurando y agregando a tu mirada, una nueva óptica más profunda en tu obra y además, en lo formal te instala en el medio latinoamericano, ya no como “una promesa”, si no más bien, como una autora instalada en la escena ¿ Cuál sería, para ti, la cualidad que hace de este libro un texto novedoso e interesante para los argentinos, por ejemplo?

 Lo desconozco, habría que preguntarles a ellos, jajajaja. Pero pienso que es una obra transversal, que podría ser publicada en cualquier parte del mundo, y tiempo incluso, pues no habla de temas locales, o contingentes. Aborda dimensiones de interés humano más menos universales, como la muerte, el amor, la desolación, etc. Entonces lo novedoso puede ser que trasciende la novedad jajajajaja

 

Y por último, Gabriela, quisiera saber cuáles son tus referencias literarias y que estás leyendo por estos días.

Mis referencias literarias, son literarias y no literarias. El arte en general. Siento, pienso, que cada cosa que se lee deja trazas. Cada música que se oye, cada obra de arte que se aprecia hondamente, deja ecos que permean mi escritura. Es decir, desde el mismísimo I Ching, pasando por Shakespeare, Baudelaire, Rimbaud, Mallarmé, Desbordes-Valmore, Lorca, H.D, Yeats, Wills Montt, Pessoa, Pizarnik, Nin, Dickinson, Pound, Orozco, Vallejos, Di Giorgio, Plath, T. S. Eliot, Ginsberg, Loy, William Carlos Williams, Stein, Szymborska, Mistral, Rojas etc, tantos y tantas más, entre tantas otras cosas, ritmos, escribo escuchando música.

Hace poco leí el manifiesto feminista y poemas escogidos de Mina Loy, traducción de Camilia Evia por BAP. Ahora estoy leyendo la palabra escondida: conversaciones con Stella Días Varin, de Claudia Donoso por publicaciones UDP, Estado de Sitio, de Elvira Hernández también por Ediciones UDP, El Greco de Rodrigo Arriagada Zubieta, por Bap, estoy preparando una reseña la respecto. A Olga Orozco, porque estoy preparando un artículo para Revista Vórtice. Estoy leyendo dos libros joyas que me compré en una feria de libros usados en Tongoy en el verano, uno lleva por nombre “La poética del decadentismo” de Walter Binni, y el otro es “Abstracción y Naturaleza de W. Worringer”. También estoy leyendo bastante sobre la orden Rosa Cruz, la princesa Carlota de México, e historias de reinas, duquesas, marquesas, cortesanas, emperatrices, etc, en rollo de un poemario nuevo en el que estoy trabajando que me tiene muy muy entretenida y lleva por nombre “El exilio de Petitte Prince”, proyecto de libro que nace inspirado en la canción Dans la merco Ben de Benjamion Biolay.

 

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Gabriela Paz Morales Urrutia, Periodista Licenciada en Comunicación Social de la Universidad Diego Portales. Integrante de la Sociedad de Escritores de Chile, Auch! Autoras Chilenas Feministas y de Colectiva de experimentación poética “La manada de la Gacela”. Reseña Literatura, colabora con la revista www.cactuscultural.cl, es columnista del periódico Sueco “Bulletin”, es coordinadora del “Simposio de Literatura en Pandemia” convocado por la Sociedad de Escritores de Chile. Ha publicado en diversas antologías, ha sido traducida al francés y al sueco, publicó los libros de cuentos (fomento a la tenencia responsable de los animales) “Bígota y el río” y “Helena y Zeus”. En poesía, publicó “El silencio de los intervalos” el 2016, el poemario ilustrado “Fieras” el 2018, con Signo Editorial, “Pilucha” poemario independiente, en formato digital, el año 2020 y “La Geométrica danza de las asimetrías” por Buenos Aires Poetry, Febrero 2021.
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