Carajo por Honduras. Fabricio Estrada. Éxodo.

Una mujer toma un descanso luego de una movilización que terminaría en la Embajada de los Estados Unidos durante las protestas antifraude electoral de diciembre de 2017 en la ciudad de Tegucigalpa.

Foto: Martín Cálix / Contracorriente

 

¿SE PREGUNTAN CÓMO SE ORGANIZA EL ÉXODO HONDUREÑO, QUIÉN ESTÁ DETRÁS? Se los responderé en confianza: Resulta que un día se amanece sin haber conseguido ayer el préstamo de 5 dólares (100 lempiras) para poder comer algo hoy. Te quedan tres huevos, dos lempiras de tortillas y un voto que ir a dar tipo 10 de la mañana en la escuela de tu barrio… Resulta que prendiste la tele y están pasando la masacre de la madrugada. Vas a la pulpería a pedir fiado y te das cuenta que ya no abre más porque le dispararon al dueño por no pagar el impuesto de guerra. Camino a la escuela, cientos de personas están haciendo fila para votar. Das tu voto pensando que tal vez se arregla algo cambiándolo todo de una buena vez. Al regreso a casa ves un inusual movimiento de tropas en cada rincón de la ciudad, la mayoría de ellas encapuchadas. Llevás diez años asistiendo a las movilizaciones en las calles. El golpe de Estado del 2009 movilizó a millones y vos estuviste entre ellos. Es de noche ya. El conteo da como ganador a lo que elegiste democráticamente en lugar de agarrar un fusil e irte con miles a una revolución incierta. El voto era incierto, pero esta vez el conteo habla con certeza absoluta: se ha barrido con la élite que secuestra al país desde el 2009 y medio mundo comienza a celebrar y celebrando se da el fraude. Se revierten en un parpadeo alrededor de dos millones de votos y resulta electo por la fuerza y bajo la bendición de la Embajada estadounidense un patizambo que de inmediato se convierte en dictador. La rabia es brutal. La alegría es tan precaria. Miles y miles salen a las calles a protestar y son bombardeados, asesinados, torturados, encarcelados… las tropas enmascaradas invaden los barrios pobres y sacan del pelo y a patadas a los jóvenes, a las mujeres… vos tenés hambre pero es mayor el hambre de la indignación. Se protesta, se protesta, pero desde Washington se manda a decir que debés aceptarlo, que eso es democracia. Tras noches de desvelo te das cuenta que ya no podés conseguir empleo, que los noticiarios van aumentando su cuota de asesinatos, que los estudiantes son asesinados, perseguidos, que los campesinos son desalojados por miles, que encarcelan a los campesinos, que los bancos te niegan el préstamo, que no tenés educación más que para trabajar por horas sin derechos laborales, que no tenés derecho a un seguro social que fue saqueado por los mismos que se han reelegido y que desde los púlpitos te piden aguantar y aguantar y aguantar. Ves las filas en Western Union y Money Gram… largas filas que a veces solo van a retirar 100 dólares enviados desde algún lugar de la yusa… 2000 lempiras que nadie te regalará en tu día donde solo necesitabas de 5 dólares para sobrevivirle al día… lo calculás, ves la diferencia ¿y si gano allá aunque sea 200 dólares a la semana es más de lo que ganaría en todo un mes? Te cuentan que se reunió una caravana para salir hacia el norte. Que esta vez los zetas no podrán secuestrarla ni fusilar a nadie como aquel año en Tamaulipas donde asesinaron a 76 mojados. Me iría, pensás, pero no podés porque ya estás en silla de ruedas, sin las dos piernas que cortó la bestia hace un año. ¿Cómo se organiza tanta necesidad? ¿Lo explico de nuevo?

 

*****Fabricio Estrada (Sabanagrande, Francisco Morazán, Honduras, 1974). Poemarios publicados: Sextos de Lluvia (1998); Poemas contra el miedo (2001); Solares (2004); Imposible un ángel (antología, 2005). Fue incluido, entre otras, en las antologías: Cien años de poesía política en Honduras  (2003) y en La Herida del Sol (antología Poesía Centroamericana Contemporánea, 2007). Más información en: http://fabricioestrada.blogspot.com/

Poeta y director Periódico Literario Carajo.

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