LAS PRIMARIAS Y EL ILUSORIO PODER DE LA ALQUIMIA

Nietzsche dice que los poetas mienten demasiado, porque saben demasiado poco y aprenden mal, por lo que deben adulterar sus aguas para parecer profundos. Dice también que los poetas no se avergüenzan de sus defectos, sino que los explotan. Este arte del engaño que Nietzsche ve en la poesía, es posible trasladarlo con facilidad al terreno del relato político, aunque en el desplazamiento se pierda la magia y se vuelva prosaico. Una transición posible es Sun Tzu, que planteaba que el arte de la guerra es el arte del engaño, es decir la Diosa de la guerra no es en ningún caso la fuerza, sino la apariencia, si tu ejército es lento debes hacer creer a tu adversario que se mueve ligero.

En las primarias del fin de semana pasado vimos enfrentarse dos relatos, si se me permite la caricatura: el romanticismo y el realismo social. Ambos pusieron énfasis en las transformaciones necesarias, pero el primero apeló a las emociones, se subió a un árbol y dejó entrever algo así como una radicalidad conciliadora, recurriendo a su edad, Boric, mostró el ímpetu de una juventud que comienza a escapársele, mezclada con tintes de estadista, es decir una madurez que rinde sus primeros frutos. En la propuesta del frente, estaba la realidad dura, con la tristeza, la lucha en las calles, la épica de la izquierda histórica. Sin embargo, a mi juicio, una de las cosas que inclinó la balanza, fue observar como cada uno de los candidatos se hizo cargo de sus respectivos defectos durante la campaña, pues uno de los principales objetivos en una contienda política es cerrar los flancos por donde puede entrar una bala. Transformar los defectos en virtud. Explotar tu defecto, al igual que en la poesía, es la esencia de la política.

Es claro que Daniel Jadue no lo logró, no sólo por ser comunista, lo que siempre facilita que se abra el flanco de la campaña del terror, sino por sus cualidades personales, su tendencia natural al conflicto le jugó una mala pasada, su irritabilidad a flor de piel. Ese era claramente su defecto, sin embargo, no lo trabajó. El juego de la alquimia hubiese tomado esas cualidades y las habría transformado en las credenciales de un hombre fuerte, enérgico, por poco deconstruido que parezca en estos tiempos. Por el contrario, su campaña se inició con guante blanco, pero poco a poco fue apareciendo el mal carácter de manera no planificada, descontrolada, sucumbiendo a las provocaciones. Sun Tzu, en el Arte de la Guerra, plantea que ante un líder que tiende al enojo, lo único que se debe hacer es precisamente enojarlo. Jadue no leyó el manual y dejó que su defecto lo hiciera parecer un tipo inseguro.

El flanco abierto de Boric, era haber tomado posiciones cuestionables para el mundo de la izquierda en el pasado reciente, haber firmado el acuerdo por la paz, por ejemplo, lo alejaba del relato del estallido, más grave aún haber votado la ley antibarricadas. Razón por la cual, toda su campaña, fue construyendo la fábula del estadista, es decir, alguien dispuesto a tomar decisiones difíciles en momentos difíciles, alguien que puede cruzar a la otra orilla estableciendo puentes, un líder dialogante. He ahí un ejemplo magistral de un defecto convertido en virtud. Eso son las campañas políticas, un poco de magia, un poco de alquimia, el arte de saber como enturbiar las agua.

 

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