ASOCIACIÓN ILÍCITA, COLUMNA DE SALVADOR GAETE. “CARMEN FREI Y EL PECADO DE LA CONCUPISCENCIA

 

Agustín de Hipona o San Agustín, pone en el centro del pecado la concupiscencia, es decir el deseo. Sabemos por su libro Confesiones, que durante su juventud había llevado una vida licenciosa, tiranizado por el apetito sexual, anterior por supuesto a su vida de santo, sin embargo, no parece ser esta la causa de su satanización del deseo, sino más bien se debe a una interpretación de las escrituras influenciada por la filosofía platónica. El pecado original, es para él de vital importancia, pues contiene la respuesta del ingreso del mal al orden terreno establecido por Dios. Es decir, si Dios es bueno y es el creador ¿Por qué creó el mal? Para Agustín Dios es substancia y fuente primordial de la realidad. Mal es ausencia, privación de esa substancia. En este sentido el pecado de Adán y Eva fue alejarse de esa substancia, y lo hacen a través del deseo sexual. Recordemos el dualismo cuerpo-alma propuesto por Platón, donde el hombre se encuentra encerrado en la cárcel del cuerpo, origen del mal y la ignorancia. El deseo sexual, por tanto, aparece como una exigencia del cuerpo que vuelve irracional al ser humano. Esto hace que Adán y Eva sucumban y al hacerlo se revelen contra el orden del mundo creado. Es este deseo sexual el que hace que el pecado original se herede a toda la descendencia, puesto que todo ser humano se engendra a propósito de ese deseo. El pensamiento de Agustín, en la Alta Edad Media, influenció fuertemente la doctrina de la Iglesia, tanto que ya en 1854, el papa Pío IX decretó la doctrina de la inmaculada concepción de María, que planteaba que no sólo Cristo había nacido puro debido a la virginidad de su madre, también María había nacido inmaculada, libre del pecado original, por la gracia de Dios.

Hoy en Chile reina el deseo, no es casual que esto se produzca en una época de cambio, En una época marcada por la búsqueda de un nuevo orden constitucional. La libido está disparada. Desde el estallido social hasta ahora una a una han entrado en crisis las instituciones, todo aquello que parecía sagrado ha sucumbido o está en tela de juicio. El bipartidismo que gobernó 30 años se ha dispersado, se establecen nuevas alianzas políticas, se desbaratan otras, aparecen las traiciones. Sin embargo, en medio del caos, aparece Carmen Frei. Al borde de la desaparición, la Democracia Cristiana consigue la gobernación de Santiago, esto y la aparición de Yasna Provoste en las encuestas presidenciales, permite al menos la sensación que el naufragio no es total para el que fuera el partido más importante en la era transicional. Carmen Frei entiende que es el deseo desbordado el que ha horadado el barco, que tratar de satisfacer esa ola de expectativas de la ciudadanía es sucumbir ante ella, como San Agustín, piensa que es la concupiscencia la que llevará al desastre, ese deseo indecoroso ante los ojos de quienes mueven los hilos.

 La fórmula es controlar el deseo, administrarlo, imponer cierto orden. Eso quedó claro cuando Orrego debió esperar que la presidenta del partido hablara antes que él durante su triunfo, la ansiedad se notaba en el rostro del candidato, pero supo controlarse. El silencio de Ximena Rincón, la ex candidata, es una muestra de disciplina, y ya sabemos que la definición de Yasna Provoste como presidenciable no pasa por ella, es Carmen Frei la que decidirá el momento adecuado: “ella ha trabajado con todos los senadores y senadoras de la oposición y han logrado materializar una agenda difícil pensada en la urgencia que tienen la gente (…) yo lo valoro mucho en ella. Lo demás con tranquilidad, esperemos los tiempos que corresponda”. Eso es administrar el deseo, retardándolo, sabe que el deseo se extingue al momento preciso de su concreción. Todas las alocuciones de Carmen Frei apuntan en este intento por aplacar el deseo pecaminoso, es esto lo que comunica cuando dice que deben hacerse los cambios respetando la institucionalidad, que es otra forma de decir “en la medida de lo posible”, ni sí ni no, veámoslo con tranquilidad. Asimismo, establece el pecado, el exceso en Daniel Jadue diciendo “está tratando de llevarnos al camino de los buenos y los malos”. Hasta ahora la apuesta de Carmen Frei ha sido exitosa. Sin embargo, la simpleza del orden no parece ser suficiente en esta época llena de pulsiones, sobre todo cuando esas pulsiones parecen dirigirse a la reiteración del hecho traumático, pues desde que el presidente Piñera sacó a los militares a la calle todo se ha vuelto deja vu, y la Democracia Cristiana no está exenta de aquello, más aún si atendemos a que el triunfo de Orrego fue gracias al apoyo de la derecha. La Democracia Cristiana arrastra su propio pecado original.

 

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