Tres poemas. María Auxiliadora Balladares. Ecuador.

 

 

Agua

 

Si mi blusa tuviera un bolsillo

me aseguraría de que en él encontraras un papel con palabras

Una nota en la que te recordaría que mis manos son dos bultos pesados

que todo lo que tocan adquiere una vida tan efímera

que la muerte se precipita breve y que su color es azul

Mis manos son dos bultos pesados hinchados de agua

Atrofiados

Marfil

Que mis ojos no dejan de mirarte

porque mis pupilas tienen la forma

de la silueta de tu cuerpo

Que me muero de angustia

de calor

del trino de los pájaros cuando croan las ranas

Que me lanzo al agua por ti

abrazo cocodrilos

bailo con ellos antes de que anochezca

y no pueda ver bien sus patas reptiles que tanto me gustan

Que el aire tiene masa y peso

asimismo esta locura que incendia mi pecho tiene masa aunque no peso

por eso es tan dispersa

Que nadie me conoce mejor que tú

y que mi brújula se averió en la última lluvia

Que en Guayaquil llueve como si lloviera en dos ciudades al mismo tiempo

que no hay dispositivo que aguante

ni pintura en las paredes que aguante

solo mi amor que está hecho de balsa

Que sola recreo tu pelo

tus colores

la forma de tus medias cuando llegada la noche te desvistes

el olor del césped

el grito sostenido en la calle

aguaguaguaguaguaguaguagua

Te recordaría que misterio es no decir que se terminan los rollos en la cámara

Que te tomaría una foto cada día

y se las regalaría al sol para que duerma tranquilo junto a sus hijas

Llenaría tus álbumes

Te regalaría el sol para que nos devuelva las fotos

documentos inalienables

y le pediría que fuera siempre amable

que espere

Escribiría que eres una gota que cae sobre mi lengua

y la desintegra

y la multiplica en ramas

de árboles que no existen

especies de verde

que se recogen el vestido

para transitar por la vereda de la calor

 

El balcón

 

Si me lanzo me mato

Qué recogerías entonces

Qué partes mías guardarías para siempre entre tu ropa en tu clóset

Decidirías quizás atragantarte conmigo

Comer

Alimentarte

Un brazo una pierna

Qué huesos conservarías para tu buena suerte

En qué oscuro momento de la noche sostendrías mis ojos en tus manos

Recordando la tarde de un sábado o un lunes

Como si fuera domingo

Paradas una al lado de la otra

En el balcón que de pronto se transforma en una nave que sobrevuela el río

A quién le pedirías que te bese en los labios como lo haría un simio

El cuerpo de quién imaginarías como reemplazo del mío

Qué palabras sucias escogerías de las que se derramarían de mis bolsillos

Dónde te esconderías en qué hueco en qué oscuro sexo ajeno asco no en tu boca

Cuántos días esperarías para transformarte en un nuevo delirio

Cómo contarías los segundos a partir de entonces

Entenderías la velocidad de la luz o la fuerza que ata los planetas al sol

Dejarías que me entierren

En qué cementerio, en qué fosa

Cómo harías para tener un hijo

En qué luz de semáforo decidirías no detenerte y avanzar atragantada de noche

En qué calle respirarías la negrura de esa noche

Mendiburo Padre Solano Urdaneta o Junín

Llorarías

Reclamarías

Caería una sombra espesa sobre tu alma hasta entonces liviana

Caminarías desolada

Romperías las portadas de los libros

No volverías a escribir nunca más una carta

Olvidarías el orden de las letras y los números

No mirarías más el río

Te asomarías a otro balcón

Solo para hacer el amago de unirte conmigo en el precipicio

 

 

Navegantes

 

¿Qué día, a qué hora descenderemos de la nave de los locos, piel de angora?

No olvides despertarme, no vaya a ser que me convierta en astilla un triste lunes de febrero

Podríamos levantar una casa, jugar con los perros, alimentar esta nada para que no nos abandone

Yo apostaría por la blancura de tu vientre

Por el verdor del bosque en el marco de la ventana

Desde esa ventana observaríamos cómo alguien se lanza del puente y grita

En ese instante yo enmudecería, piel de angora

Porque otro se lanzaría desde mi lengua a tu plato

Para llevarte relatos de mi interior

Créeme que armaría su Cerro del Carmen con los relatos de mi interior

 

Las velas de esta nave están que se caen de viejas

Todo aquí está en franco deterioro

Las ideas de los niños, piel de angora

El pelo rojo del hijo del capitán se mira tan triste

Las gaviotas que no saben nadar y por eso vuelan

Me gusta hamacarme mientras oigo a la vieja desde su camarote quejarse de la plata que le debe un mozalbete

Las cosas que empiezan a desaparecer pronto terminan

Aquí somos la anticipación del carbón, del motor y del aire

Somos la fuerza que todo lo arrastra hacia el mar

 

¿Crees que este sol sea suficiente para que tu nombre borborite en mi boca

O a pesar del calor se congelarían sus letras en los orificios de mis dientes?

No olvides despertarme con un grito desde la popa, piel de angora

Estaré soñando con un vaso de agua helada suspendido del palo trinquete.

 

Todos los poemas pertenecen al libro Guayaquil, que obtuvo el Premio Pichincha de Poesía 2017.

 

María Auxiliadora Balladares (Guayaquil, 1980). Es escritora y profesora de literatura en la Universidad San Francisco de Quito. Estudia la obra de poetas latinoamericanos del XX y el XXI. Ha publicado el libro de cuentos Las vergüenzas (Antropógafo, 2013), el ensayo Todos creados en un abrir y cerrar de ojos (Centro de Publicaciones de la PUCE, 2015) acerca la obra de Blanca Varela y el poemario Animal (La caída, 2017).

Poeta y director Periódico Literario Carajo.

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