República Dominicana. María Palitachi. “CARTA DESDE EL SENA”

Seine River and Eiffel Tower Paris France

 

Y qué te cuento, Rosa, después de un largo tiempo sin saber de ti, de tu familia y los vecinos. Tengo mucho que contarte y pedirte excusas por mi brusca desaparición; pero pasaron tantas cosas; tantas cosas pasaron que, en realidad, necesito más de un par de páginas para ponerte al día.

Rosa, no sé si recuerdas cuando un Viernes Santo le metimos maní en las habichuelas con dulce a Pedrito el hijo del zapatero, el pobre casi se asfixió; que susto pasamos. Hoy, el me reconoció en un autobús de regreso a Inglaterra y yo de entrada a Francia.

Pedrito, conociendo lo aventurera que soy, me rogó que me fuera con él porque la soledad le está maltratando su vida. Le prometí por un viejo enamoramiento que iría. Por ahora debo de conocer lo que queda de París.

Ya en los treintas no pienso como cuando hacíamos maldades y jugábamos canica a la hora que pasaba el manisero y le pedíamos maní mientras él se entretenía al vernos jugar.

-Mi vida es como Rayuela. Hoy estoy en una ciudad y mañana en otra.

-Corro para enfrentarme con lo perdido, conmigo y con todo lo que aún no he imaginado. Y es por eso que el tiempo no me alcanza. Quisiera sentarme y escribirte. Hoy no tengo más remedio que volver a casa. Pues la búsqueda terminó. La mía y la de Frank.

Lo encontré cerca del río Sena. Tal como me lo imaginaba: todo un bohemio, con barba, bigotes y pelo largo.

Sabes, él me recordaba al Cortázar joven con el cigarrillo en la mano, gafas gigantes y como inventa historias; lo único que no las escribe; yo sí.

El a veces de noche se juega la vida contra la muerte, dejando su barca viajar por el río en la oscuridad; la barca terminaba en una zona lenta y eso me excitaba.

Conocí a Frank detrás de un mostrador en una esquina del Louvre ofreciéndome una Madeleine; la última que quedaba. La cogí porque la fila para un chocolate caliente en aquella lluviosa mañana era larga y yo tenía hambre. Los sábados la fila llegaba a la esquina (por las galletas gratis).

-Me lo encontré de nuevo mientras esperaba el cambio de luz de un semáforo; él cruzaba montado en una bicicleta la cual abandono al verme. Caminó a mi lado por un rato sin decir nada hasta que se atrevió a invitarme. Las Madeleine de los sábados rompieron el silencio de las sonrisas. Señalándome su barca, me robo el primer beso en la nuca. De ahí en adelante el tiempo se encargo de nuestra historia.

El recuerdo sólo me habla en hilos, sin tejer el pensamiento completo. En uno de esos hilos se marcharon cosas que me conto Frank. A veces se quejaba del hedor del río y de cómo prefiere irse al mar en un bote de pesca y no de turistas. Me hablaba de cómo heredó la barca llena de recuerdos del padre y cuando a los siete años huérfano de madre quedó.

Hoy, según te cuento de nuestro encuentro, también te contaré del desencuentro, nuestras noches de andanzas por la ciudad del romance y varios años contemplando las estrellas danzando alrededor de la luna.

-Te digo Rosa que muy pronto regresaré al bohío.

Decidí volver aunque por un tiempo tenga que vivir de lo de antes; la venta de huevos.

-Me hace falta escuchar la lluvia caer bajo el zinc y el olor a río cuando se desborda. Ya me cansé del romanticismo y del bajo a mierda de gato que tiene esta ciudad romántica.

Frank sólo vivía enamorado de su barca en el Sena y mientras más floto en ella más falta me hace lo que dejé atrás: los perros ladrándole a los carros, la gallina cuando cacarea al regalarme sus huevos en la madrugada y el parentesco falso de los vecinos que piden le bese la mano cada vez que me veían desandar la carretera.

-Huí anticipando un mejor porvenir. Corrí en busca de Frank, para mi decepción no resultó ser el amor que soñé.

-Él amaba su barca más que a mí; sé que vivía con la angustia de la pérdida de su madre. El sólo recuerda los gritos del padre cuando ella cayó en la profundidad del río. El cadáver apareció sin una pierna después de una afanosa búsqueda. Frank decía que la barca guarda recuerdos que el aún no sabe y que de alguna manera los va a descubrir.

Cuando hablaba de sus memorias la mirada se le destemplaba; especialmente en días de lluvia cuando los turistas no quieren visitar el Sena. Los recuerdos reaparecen calcinándole la ventana de su vida. Y es por eso que pongo en duda sus sentimientos hacia mí.

Su pensamiento funesto por dolor que no encuentra salida y yo con mi utopía fracasada.

-Cuando decidí recuperar todo lo que extrañaba pensé en decírselo; pero también pensé en callarme. Si me iba no importaba lo que él pudiera pensar.

Una semana antes de mi partida en un beber de vino, botella tras botella y guerra de aceitunas, se durmió y yo sin darme cuenta floté en la barca inconscientemente sin saber donde estaba, ni cuanto tiempo pasó antes de mi despertar. No recuerdo si hice el amor o no. Solo recuerdo que me caí y al tratar de pararme me caí de nuevo. No sufrí dolor alguno, pero tenia sangre seca en la blusa.

Al llegar el día busqué a Frank en vano por todos lados.

Pensé: a lo mejor se había ido en busca de turistas para el próximo viaje. Recogí lo poco que tenía y un perfume que me regaló cuando me conquistó; tomé la foto que nos tiramos en una cena en Bon Marche y abandoné la barca sin mirar atrás.

En el Charles de Gaulle esperando el regreso me entretuve con un periódico que alguien tiró en el asiento a mi lado.

En la séptima pagina apareció una foto de un cadáver boca abajo en el Sena.

Cambie de idea voy rumbo a Inglaterra.

María Farazdel (Palitachi) Dominicana. Licenciada de Hunter College, maestría en pedagogía de la Universidad de Fordham. P.D. en administración escolar de LIU. En el 2014 se le otorgo el grado honorifico de ‘Embajadora Universal de la cultura’ Avalado por la UNESCO. Libros:“My Little Paradise” “Entre Voces y Espacios” “De cuerpos y ciudades”. Sus poemas han sido publicados en antologías de México, España, Argentina, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica, Estados unidos, y Republica Dominicana. Primera Dominicana en leer poesía en un avión de pasajeros.

Poeta y director Periódico Literario Carajo.

Be first to comment