Editorial

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¿PARA QUÉ CARAJO?

 

Carajo, que antes estuvo en la calles, quiosco por quiosco, publica ahora su primera versión en lnternet. Otra historia pero un mismo intento. Carajo es un espacio, un nido, un enjambre, una ciudad poblada, que no enfrenta, sino que combina en la misma fiesta a escritores y lectores.

Los medios culturales en Chile han tenido un escaso espectro de participación en el estado general de la cultura, porque las condiciones reales de distribución son una verdadera negación y un monopolio. Durante 10 números pudimos soportar el embate y publicar en todo el país, para llegar a todos.  Portadas con Diego Maquieira, Hernán Rivera Letelier, Roberto Bolaño, etc, llegaron a los quioscos de Punta Arenas, Alto Hospicio, Dalcahue, Valdivia, y más. Así nombramos a quienes no se nombra en ciertos lugares, e intentamos darle un elemento más a la realidad cotidiana. Los contenidos que un país trata o conversa no son sólo constructos lógicos, son también hegemonías, y vivimos en ellas como pescaditos en el agua. En Chile estamos ahora en procesos que en apariencia se enfrentan al poder, y habrá que esperar esas conversiones para buscar las modificaciones que requiere la cultura, los cambios más duros, digo, no el maquillaje. La democratización y facilitación de los canales de distribución de los medios, el IVA al libro, y sobre todo, la participación de agentes culturales en todos los espacios del poder público, desde los ministerios hasta la TV. Hoy contamos con una bella casa de la cultura en Valparaíso, sin ninguna capacidad pragmática de intervención más allá de los fondos que administra.

Pero esto es sin llorar, y si ya no tenemos el quiosco, disponemos de la web, que para el caso es un paraíso democrático. Aquí nos hemos reunido un grupo de escritores que editorializa la propuesta de Carajo, la motiva, la convoca y la promueve. Se trata de poner a disposición contenidos literarios que se comunican no sólo con los lectores, sino que también con sus ciudades, con sus eventos, con sus disyuntivas, con las reflexiones diarias, y todo lo que sea, en evidencia o no, el contexto de un hombre o una mujer que ama, vive, lee. Nuestros mayores prejuicios son que, no queremos determinar cuál es la frontera entre el texto y el lector, no creemos que haya un punto de partida donde el saber y el habla son válidos, inteligentes, ni congruentes. No queremos definir, queremos abrir la identidad de un medio, que si bien promueve y difunde literatura, busca al final, abastecernos de sentido a nosotros, los seres humanos que portamos la libertad de buscar y encontrarnos.

Octavio Gallardo

DIRECTOR